17 de agosto 2000 - 00:00

"PASION POR AFRICA"

C omo se ganó un Oscar, Kim Basinger quiso aprovechar la ocasión para tratar de seguir siendo una actriz seria. Como nadie podía tomarse muy en serio un guión donde las líneas más importantes de la protagonista son poemas pronunciados solemnemente en dos funerales distintos, el único director que quiso unirse al proyecto fue uno que no conseguía ningún proyecto importante desde hace mucho tiempo. Hugh Hudson alguna vez consiguió éxitos de taquilla como «Carrozas de fuego» y «Greystoke», pero a fines de los '80 tuvo la idea de convertir a Al Pacino en héroe de la Independencia en la desastrosa «Revolución» y su carrera en Hollywood se hizo humo. Lamentablemente este poco atractivo melodrama de aventuras no parece el vehículo adecuado para volver a las grandes ligas. Kim Basinger es Kuki Gallman, una mujer de mundo que luego de un accidente automovilístico replantea su vida. Su solitaria existencia con su hijito cambia con la llegada de un nuevo amor ( Vincent Perez), que le propone irse a Kenya para manejar una finca en medio de leones y elefantes.
La película se basa en las auténticas experiencias africanas de
Kuki, que toman las preocupaciones universales de cualquier ama de casa y las transportan al Africa. Así es como el jardín que tanto cuida debe ser protegido de los elefantes, el marido se escapa con sus amigotes fuera del hogar, pero como se va a cazar y no solamente a tomar unos tragos, vuelve 10 días más tarde, y al hijo adolescente hay que tenerlo lejos de hábitos tan poco saludables como coleccionar serpientes venenosas.

Fotografía

A favor de este melodrama africano hay que decir que la fotografía está muy cuidada sin llegar al esteticismo, lo que da lugar a algunas imágenes atractivas de exóticos paisajes de Kenya. La música de Maurice Jarre apoya estas postales turísticas con altura (a pesar de que por momentos se entrometen algunas notas de otros soundtracks muy conocidos del compositor de «Lawrence de Arabia») y Hudson por momentos consigue imprimirle un ritmo razonable a un guión lineal y monótono que pone el énfasis en los momentos lacrimógenos.
Lo que no hay manera de resolver son los poemas de
Basinger, y algunos puntos de vista sobre los conflictos entre los protagonistas y sus vecinos: si Vincent Perez quiere ir a cazar animales por pura diversión con sus amigos ricos, no hay ningún problema. Pero si los pobres africanos de las tribus cercanas matan animales para vender el marfil en el mercado negro, es poco ecológico y está muy mal. En todo caso, la película no se ocupa de dirimir estos contrastes, y se limita a explicar antes de los créditos finales que Kuki sigue viviendo en Africa y que dirige una fundación para que seres humanos y animales convivan en armonía. Un documental sobre su obra de bien probablemente sería mucho más útil que este mediano intento de resucitar «Africa mía».

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