23 de julio 2007 - 00:00

Patrimonio: volvería al país una valiosa colección

«Sol dedomingo», deAntonioBerni, una delas 200 obrasque integra lacolección dearteargentino deJohn Axelrod.
«Sol de domingo», de Antonio Berni, una de las 200 obras que integra la colección de arte argentino de John Axelrod.
Durante la década del '80 y a partir del ciclón inflacionario, gran parte del patrimonio artístico argentino acumulado durante la prosperidad de fines del siglo XIX y principios del XX, inició su regreso hacia los países de origen. Centenares de compradores europeos llegaron entonces con su poderío y arrasaron con todo, o con casi todo. De un modo menos frenético el vaciamiento continúa, y la ley de protección de patrimonio de nada ha servido en todos estos años, ha sido letra muerta para abúlicos funcionarios.

Sin embargo, hoy, el Estado trata de repatriar un conjunto de casi 200 obras de arte argentino y rioplantense que se encuentran en Boston y que pertenecen al coleccionista John Axelrod. Si la voluntad de recuperar nuestro patrimonio es genuina, y si la burocracia estatal no se interpone, nuestro país podría traer de vuelta una colección de primer nivel a cambio de una suma que ronda los 5 millones de dólares. No es poco dinero, pero es la tercera parte de lo que se pagó en Londres una obra del joven británico Damien Hirst, y poco menos de lo que vale una buena pintura de Frida Kahlo o Diego Rivera. Datos que revelan la escasa cotización del arte latinoamericano y, sobre todo, del argentino (aunque la cuestionable estatua de Evita que está frente a la Biblioteca Nacional le costó a la Secretaría de Cultura 4 millones de dólares).

La iniciativa de recuperar el arte que está en manos del bostoniano, es de Cristina Kirchner, y el experto que debe evaluar la calidad de las obras, es el director del Museo de Arte Decorativo Alberto Bellucci, que ya viajó a Boston para verificar el estado de la colección. Ambos guardan silencio, pero fuentes de impecable procedencia corroboran la primicia publicada el lunes pasado en este diario.

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Entre las estrellas de la colección figura una de las buscadas obras surrealistas de Antonio Berni y «Sol de domingo», una pintura bella y melancólica donde el rosarino entronca las evocaciones renacentistas y metafísicas del arte europeo con el nuevo realismo y las dimensiones generosas del muralismo. Luego, las «Mujeres indolentes» de Guttero y uno de sus silos, son obras dignas de un museo, como un retrato de Pettoruti de 1917, una extensa y genuina serie de acuarelas de Xul Solar, los bronces de Penalba y de Curatella Manes (entre ellos un retrato de Evita); la serie de esculturas bañadas en oro de Roberto Aisenberg, una pintura de Spilimbergo y otra de Raquel Forner de la mejor época; además de los obras de los contemporáneos Alberto Heredia, Pablo Suárez, Fermín Eguía y Marcia Schvartz. Un capítulo especial merece el arte uruguayo, la serie de pinturas de Figari y dos de Joaquín Torres García (los puertos de Montevideo y de Nueva York), que se suman a las de Barradas, Cúneo y Carmelo Arzardún, entre otros.

Otro dato interesante de esta colección que reúne mayormente obras significativas que van desde la década del 20 hasta la del 50, lo aporta la artista Marcia Schvartz: «Como John no conocía el arte argentino y ni su cotización, el coleccionista y galerista Alejandro Furlong, que tenía un ojo incomparable, lo ayudó con la selección».

Así, desde el punto de vista histórico, lo destacable es la presencia de todos los integrantes de los grupos de París, Orión y de La Boca, ya que varios de estos artistas no están suficientemente valorados ni estudiados. Es decir, el corpus central tiene valor como conjunto, aunque se agregan obras sueltas, como unos bellos dibujos art déco de Covarrubias y Di Cavalcanti.

En 1997, durante una entrevista con este diario, el coleccionista -que rápidamente se convirtió en un experto-, contaba que poco a poco fue rastreando las obras para cubrir los huecos, y siempre dentro del realismo pues no le atraía la figuración. Pensar en un museo sin abstracción, implicaría cercenar nuestra historia del arte, detalle que es preciso tener en cuenta y que el coleccionista conoce. Consultado por este diario sobre su determinación de vender, aclara que no tiene urgencias y que no le interesa desguazar lo que tanto empeño le costó reunir, aunque las rematadoras Sotheby's y Christie's le hicieron ofertas excelentes.

Axelrod, poderoso heredero de una cadena de hoteles Sheraton que vendió para dedicarse a las inversiones, es un coleccionista de arte de EE.UU. y art déco reconocido internacionalmente. Sus piezas han integrado grandes muestras del mundo, como la que prepara el Victoria and Albert de Londres, y ha prestado su arte rioplatense a varios museos de EE.UU., como el Bellas Artes de Boston y el de la universidad de Yale. En estos últimos años se dedicó a coleccionar arte afroamericano «apasionadamente», según cuenta, y descolgó la colección rioplatense que exhibía en su casa y que finalmente decidió vender.

Por supuesto, dada su importancia, estas obras son conocidas por los historiadores del arte, curadores, coleccionistas y operadores del mercado, que desde que se forjó la colección, en la década del '90, han rondado al bostoniano ya sea para estudiarla, pedirla para exponerla o, sencillamente, para comprarla.

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En todo caso, es una novedad es que el Estado se interese por este bien cultural, en un país que ha tenido siempre la mira puesta en Europa desestimando lo propio, y que escasa y nula atención le ha prestado al arte. Sólo en estos últimos años los funcionarios comenzaron a entender que los extranjeros llegan a nuestro país para ver arte argentino, y que poco sentido tiene mostrarles el Corot, el Manet o el Van Gogh número cien que conocen en sus vidas.Sin embargo, en Buenos Aires el Museo de Arte Moderno todavía no tiene edificio, y las colecciones de arte argentino del Bellas Artes y el Malba son limitadas. Como corolario, la compra por parte del Estado podría brindar un fuerte impulso a nuestro alicaído mercado.

El Fondo de las Artes es el único organismo estatal que compra arte en la actualidad. Consultado su presidente, Héctor Valle, sobre la posibilidad de destinar fondos para adquirir estas obras, observa: «Repatriar nuestro arte es un gesto positivo, sería bueno poder exhibirlo en los museos de todo el país. El Fondo no tiene recursos, pero podría administrar la operación a través de un fideicomiso».

En el caso de concretarse la repatriación, sería interesante ver al Estado argentino enfrentar los avatares que padecen quienes importan arte, aunque sea para darle un destino público. Valga el ejemplo de Eduardo Costantini, que para radicar de modo definitivo en el país 42 obras compradas en el exterior, e importadas de modo temporario, pagó hace dos años 2,5 millones de dólares de impuestos, (pues el arte paga 10,5 de IVA como cualquier mercadería).

Ante la encrucijada, el Malba optó por vender cuatro obras del patrimonio y perdió una pintura de Matta irrecuperable. La política fiscal sirve para alentar o desalentar los mercados y la ecuación es simple: si la importación de arte tributa y la exportación es libre, la balanza se inclina hacia el vaciamiento.

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