«Se busca un payaso» de M. Visniec. Dir.: A. Alvarado. Int.: E. Federman, C. Martínez Bel y H. Malamud. Ilum.: G. Córdova. Mús.: C. Candia. Esc.: A. Bracchi. Vest. y Utilería: L. Poletti (C.C. de la Cooperación.)
Enrique Federman, Claudio Martínez Bel y Héctor Malamud componen notablemente a tres payasos sin trabajo, que rivalizan entre sí.
En esta comedia dramática del rumano Matei Visniec (su primer estreno en la Argentina), se da un curioso equilibrio entre la comicidad de sus intérpretes y el doloroso conflicto que viven sus personajes. Son tres payasos, que viven de glorias pasadas y que ya sobre el final de su carrera, reciben una oferta de empleo que supuestamente les permitirá volver a la actividad artística.
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El lugar al que llegan no parece real, la puerta de entrada está abierta pero no hay nadie que los atienda o tome sus datos. Esto hace que la espera adquiera una dimensión mucho más angustiante que la suma de todos sus miedos, resentimientos y frustraciones.
Son seres muy simples, con odios y alegrías de fácil decodificación, pero lo que los vuelve tortuosos es el vínculo de competencia que entablan entre sí, el que según se irá viendo a lo largo de la obra data de muchos años atrás. El inquietante vacío existencial que rodea a estos tres cómicos -magníficamente interpretados por Enrique Federman, Claudio Martínez Bel y Héctor Malamud- no alcanza el vuelo poético y filosófico del teatro de Samuel Beckett, con el cual podría emparentarse esta obra. Pero el desempeño del elenco es tan atractivo que hace que la puesta supere con creces la propuesta del texto original.
La directora Ana Alvarado concentró todo el juego teatral en la solapada lucha que divide a estos pobres artistas en decadencia con la intención de mostrar su lado más oscuro. Si alguna vez fueron amigos hoy ya no lo son, su vanidad les impide ser solidarios. Es por eso que a la emoción del reencuentro le sigue un sinnúmero de burlas y chicanas que derivarán a su vez en un desenlace de pesadilla.
El patetismo de Niccola ( Martínez Bel), la malicia apenas disimulada de Filippo ( Federman) y la irritante megalomanía de Peppino ( Malamud) se ven enriquecidos por el minucioso trabajo de los actores, quienes además de divertir al público con sus desopilantes rutinas de payasos han dotado a sus criaturas de una encantadora ambigüedad.
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