Las enigmáticas obras de Miguel Ronsino conforman un universo atemporal y fantástico que mantiene en vilo al espectador.
El novelista, dramaturgo y crítico de arte inglés, John Berger, dice que «cuando uno lee un texto o ve una imagen y percibe la intencionalidad de cada centímetro cuadrado de cada línea o de cada espacio en blanco, estamos probablemente ante una obra de arte». Será quizás el juicio de la posteridad el que califique a las obras de Miguel Ronsino como tales. Pero en este presente y futuro inciertos sólo puede calificarse a sus imágenes como perturbadoras, enigmáticas, y mantienen en vilo al contemplador. Lo que resulta bastante singular en un panorama artístico excesivo en el que no abunda la autocrítica.
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Ronsino contradice el canon de los '90, que aún perdura: «experimentar una obra de arte ya no se relaciona con ninguna percepción emocional intensa». Este artista pinta con intensidad. Los cuadros están llenos de pintura brava, chorreados, empastes y también delicados gestos. «Sangraderas» es un mundo vegetal que se mezcla apasionadamente con el mundo animal, un mundo que se mimetiza con el del hombre.
Ojos-espejo, mirada, a veces, desvalida, otras, oculta, desafiante. Y también ciega, como la del elefante encerrado en una caja. Un universo atemporal, fantástico, en el que el artista derrama, desangrándose, su subjetividad. Galería Isabel Anchorena (Arenales 1239). Clausura el 19 de junio. • Armando Donnini (1939-1983) fue un artista que, a través de diversos medios, pintura, pastel, acuarela, apoyados en su extraordinario dibujo, testimonió críticamente sus inquietudes acerca del mundo que lo rodeaba. Esto puede observarse en la exposición homenaje con la que Galería Vermeer (Suipacha 1248). abre la temporada 2004. Obras de fuerte alegato social, personajes que ostentan un aire macabro, elementos recurrentes como ratas o cuchillos o la figura emblemática de «El Carnicero», que coincidentemente pintaron varios artistas, entre ellos, Carlos Alonso.
Con esta obra realizada en 1976 ganó el Gran Premio de Honor de Dibujo por decisión unánime del jurado, no obstante, fue declarado nulo por tener color, seguramente por algún funcionario ignorante. Otras obras están relacionadas con la temática de cirujanos en las que no ahorra su visión y crítica descarnada. Pero no todo lo que pintó Donnini estaba relacionado con lo tormentoso. Abordó el tema tanguero desde una visión tierna y a la vez nostálgica, melancólica. Entre otros temas también ilustró el cuento «Crepúsculo» del libro «Misteriosa Buenos Aires» de Manuel Mujica Láinez con un retrato muy revelador de su personalidad.
En 1982, visiblemente afectado por el horror de la Guerra de las Malvinas pinta una serie «Comunicado Número...». Hacia el final, como lo señala su hijo Fabián Sebastián Donnini en el texto del catálogo, su obra estaba «teñida de soledad y nostalgia que no pude notar en el Donnini real». Fue un claro ejemplo de artista que no cedió ante aduladores, que no fue arrastrado por las olas del mercado, un humanista, hacedor de una obra que no ha perdido vigencia. Clausura el 15 de mayo. • Así como hay muestras de «cámara» que invitan a la introspección, al silencio, a imbuirse de una actitud zen para observarlas, también hay muestras de «laboratorio». Pablo Lapadula es un científico. Expone su laboratorio en el que vemos ratas, insectos, cajas con instrumentos, dibujos científicos. Recorremos ese extraño y fascinante mundo tan ajeno a nuestra cotidianeidad que despierta asombro. A través de tomas directas, acrílico s/vidrio, fotogramas, los insectos irradian luz, las ratitas parecen personajes de comic y las fotos muestran sus garras salidas de una peluda espesura.
En cuanto a los humanos, se ven sus gestos espasmódicos al trasluz de lo que suponemos una placa radiográfica semi carbonizada. Se dice que lo científico tiene un aura fría, severa, aséptica. El microscopio de Lapadula lo transforma en un hecho artístico que da por tierra este concepto. Palais de Glace-Salas Nacionales de Exposición (Arroyo 1275). Hasta fin de mes.
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