17 de marzo 2021 - 00:00

Pierrot, la metamorfosis nueva de Sandro Pereira

Resultado de una transformación personal, desprovisto de un taller para sus grandes esculturas, el artista ensaya formas de expresión con su cuerpo.

Pereira. El artista le pone el cuerpo a Pierrot.

Pereira. El artista le pone el cuerpo a Pierrot.

La valoración pública del trabajo del artista, cuando a partir del Renacimiento ganó libertad para expresarse, ha sido puesta a prueba a lo largo de los siglos. La certeza acerca de la calidad del arte suele ser esquiva y, en muchos casos, es el resultado de una lucha individual y solitaria. La trayectoria de Sandro Pereira (1974) se inició al despuntar el siglo XXI. Su monumental “Homenaje al sánguche de milanesa” fue emplazado en el Parque 9 de Julio de su territorio natal, San Miguel de Tucumán. Luego, cuando este autorretrato de un chico corpulento devorándose un sánguche y fagocitándose el Pop, llegó a la Feria arteBA, fue celebrado por el público. Pereira conquistó a los porteños. Duplus presentó su primera muestra individual y Jorge Gumier Maier curó la del Malba. Poco después ingresó a la Beca Kuitca del Centro Cultural Rojas, integró el staff de la Galería Daniel Abate, expuso en la Bienal del Mercosur y en muestras colectivas en España, México y EE.UU. A los 32 años exhibió una retrospectiva en el Fondo Nacional de las Artes.

Las obras, mayormente esculturas y autorretratos, mantienen la llamada “persistencia del modelo estético” y la capacidad de establecer una intensa relación intersubjetiva con sus personajes. Allí estaban, representados con humor y también con amor y dramatismo, el nadador, Superman, un cocinero, el boxeador, el chico que va a la escuela y, entre muchos otros, “El muerto”, el calco de su propio cuerpo amortajado con cintas de colores. Pereira se ofrece al espectador “brindándole la comodidad de reconocer la cara del autor”, observó el catedrático británico Kevin Power. El apoyo de Power, profesor de la Universidad Nacional de Tucumán, fue decisivo. “Pereira sabe que una vez que tiene su tema (él mismo) puede entregarse a otras cuestiones. […] Así, utiliza su retrato para develar sus más íntimas emociones, como es el caso de “El novio”, sin duda una de sus más románticas obras personales, donde pone al descubierto su intimidad. Se trata, pues, del calco de su cuerpo desnudo sobrepintado en traje de bodas como ordena la tradición y cubierto de granos de arroz, símbolo de la esperanza, de la buena suerte y, en este caso, de la crítica situación para lograr el sustento diario”.

La vida de Sandro Pereira cambió de rumbo cuando, por falta de espacio, dejó de producir grandes esculturas, regresó a Tucumán y dedicó su vida a educar a su hijo. Entretanto, sin un taller dónde trabajar, sus obras se empequeñecieron y, aunque siempre sensibles, perdieron el efecto de choque y la comunicación instantánea con el público de las grandes esculturas. Hoy, sin embargo, el artista sorprende a sus seguidores autorretratándose como Pierrot. La imagen fotográfica transmite la melancolía del payaso triste y teatral que, lívido y fantasmal, conmueve al mundo con las huellas de sus lágrimas y el amor desencontrado por su Colombina. Con su rostro blanco y redondo como la luna que siempre lo acompaña, Pierrot sufre y hace sufrir. El cuerpo gordo del artista, pintado de blanco, acentúa el aspecto patético y decadente. Una melancolía inconmensurable potencia la relación con la historia del arte.

Pereira trae el recuerdo del grabado de Durero, “Melancolía”, y de los artistas inspirados en Pierrot, un alter ego cuyos atributos son la tristeza y el aislamiento. El Museo del Louvre alberga la poética pintura de Antoine Watteau. Picasso pintó en el año 1900 a Pierrot y la bailarina y con diversas características psicológicas lo reiteró hasta el fin de sus días. El Pierrot de Juan Gris es cubista y Matisse presenta su carro fúnebre. Seurat lo pintó antes de llegar al puntillismo. Y Pereira, músico como el personaje, nos dice al igual que David Bowie: “Soy Pierrot” (El cantante lo interpreta en el video “Ashes To Ashes”)

Pereira se sirvió de la fotografía de manera eficaz en el pasado. Y aunque las nuevas imágenes no son perfectas, aquí lo importante es la idea. Así lo demuestra Cindy Sherman, influyente fotógrafa del circuito internacional. Sherman estudiaba en la Universidad de Búfalo y dedicaba su tiempo a pintar. “Entonces –observó- me di cuenta de que, en lugar de eso, podía simplemente utilizar una cámara y concentrarme en las ideas”. Su tema es la mujer y ella misma posa frente a la cámara para interpretar los más diversos estereotipos femeninos. En Tucumán, manejar una cámara, montar escenarios y comprar pintura para el Body art debería resultar accesible. Lo crucial es la idea y el talento para representarla como un actor consumado. Pero, retomando la reflexión inicial, si bien los artistas lograron profesionalizar su trabajo, el camino del arte siempre es incierto.

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