Orlando Belloni, un gran pintor de su aldea

Espectáculos

La galería Calvaressi, organizadora de su muestra, también le consagró un libro.

La galería Calvaresi acaba de inaugurar “La Tablada”, una muestra de Orlando Belloni (1933), artista que retrata la ciudad de Rosario, sus calles, la Barranca y, con mayor énfasis, los personajes y paisajes de un barrio humilde hoy convertido en villa. “La Tablada”, curada por Maximiliano Masuelli y Guido Calvaresi, recorre la extensa trayectoria de Orlando Belloni desde 1978 hasta 2020. La exhibición se abre con los rasgos toscos y rotundos de “La Marta”, un expresivo retrato de 1978. Belloni consolida el poder femenino de “La Marta”, con el paso firme de la mujer de “La nueva ola” (1993) quién, junto al hombre que carga una radio portátil, se lleva el mundo por delante. Ambas pinturas están de algún modo emparentadas con los típicos personajes suburbanos que supieron pintar Marcia Schvartz y Pablo Suárez. Artistas que son herederos –al igual que Belloni- del gran maestro de la pintura social, el también rosarino Antonio Berni.

Los amantes de la pintura rosarina reconocen en gran parte de los cuadros de Belloni el color azul claro y la dulzura de los grises junto el naranja-dorado que utilizaba Augusto Schiavoni, un artista de culto. La nostalgia de Berni y su sensibilidad frente a la pobreza, aflora en la extensa serie de ritos y costumbres de quienes se ganan la vida junto al Paraná. Luego, y sin prejuicios acerca del pintoresquismo, hay pinturas de Belloni cuyos motivos coinciden con las de Raúl Domínguez, llamado “el pintor del Río”, acaso por sus murales en la Estación Fluvial.

Tierra adentro, a la ostensible despreocupación y desocupación de los grupos de muchachones del barrio tomando cerveza en la calle, se contrapone la actividad de los pescadores y el clima de trabajo del puerto. Entretanto, con su ambigüedad sexual caricaturizada, “La Chalita” (2020) ostenta, a pesar de su rusticidad, las formas del cuerpo, sus aros y una mirada insegura, casi temerosa. El personaje tiene, no obstante, su gracia. Umberto Eco observa en su “Historia de la fealdad” que una modalidad de lo cómico es la caricatura, y contradice a quienes rastrean su origen hasta Leonardo. En realidad, Leonardo “inventaba” sus personajes imaginarios. No caricaturizaba a alguien reconocible.

“La caricatura moderna –según Eco- nace como un instrumento polémico frente a una persona real o a lo sumo frente a una categoría social reconocible y exagera un aspecto del cuerpo, por lo general el rostro, para burlarse o denunciar un defecto moral a través de un defecto físico”. En este sentido, señala que, la caricatura, ayuda a mostrar los rasgos más genuinos del carácter. Y justamente el propio Belloni, dice: “Me interesa el carácter. Siempre cuando pinto pongo un carácter de villero. No me lo puedo sacar de encima”. Y agrega que Gambartes le decía: “Pero Belloni, usted siempre le pone sentido proletario a todo lo que hace”.

El humor y la capacidad de reír, Eco lo atribuye a las clases humildes, al menos en la sociedad medieval. Y así lo aclara: “Durante los carnavales, se permitía subvertir el orden social y las jerarquías. El pueblo se vengaba alegremente del poder feudal y eclesiástico”. Paradójicamente, la seriedad y la tristeza eran prerrogativas de quienes creían que hay que sufrir en este mundo, porque les aguardaba la vida eterna. La risa, era, por el contrario, “la medicina de quienes vivían con pesimismo una vida miserable y difícil”. Una compensación.

La mano instruida en la pintura europea, de Schvartz, heredera de Berni, al igual que el virtuosismo técnico de Pablo Suárez, artista que supo mirar con humor, pero también con amor sus personajes marginales, establecen notables distancias con el arte de Belloni. Pero no logran quebrar las afinidades. Sin duda, cuanto más poblado está el inconsciente estético del espectador, mayores son los paralelismos, similitudes, diferencias y analogías que enriquecen la experiencia de ver la muestra, y ayudan a descubrir el valor de un artista desconocido en Buenos Aires. El primer maestro de Belloni fue Luis Ouvrard, pintor que sorprendió a los espectadores cuando el Museo Castagnino de Rosario colgó, en su último montaje, dos bellos paisajes. Durante tres años Belloni trabajó junto a Leonidas Gambartes como dibujante cartógrafo en el Ministerio de Obras Públicas. Luego, concurrió al taller de Juan Grela. El libro “Orlando Belloni. La Tablada”, editado por Iván Rosado con texto de Juan Manuel Alonso, completa la muestra.

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