Tuvo que pasar más de un lustro, pero finalmente el Festival de Buenos Aires tuvo la buena idea de pasar cinco películas de John Ford. Ni en relación a la prolífica filmografía de Ford, ni el conjunto de esta muestra anual puede notarse demasiado. Salvo que se vean las películas.
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Hay dos obras maestras con bajo perfil: «El joven Lincoln» («Young Mr Lincoln», 1939, con Henry Fonda como Lincoln, luchando por contra la intolerancia en el film que muchos consideran la mejor biografía ficcionalizada de la historia del cine) y «Caravana al Oeste» («Wagonmaster», 1950, con Ben Johnson, Joanne Dru, Ward Bond, Harry Carey Jr, James Arness, Francis Ford, Jane Darwell y las mejores canciones de «The Sons of the Pioneers», la mejor fotografía de Bert Glennon, el Monumental Valley y auténticos indios navajos).
Dos rarezas excelentes: «Resplandece el sol» («The Sunshine Brights», 1953, con políticos corruptos, racismo, prostitutas que no tienen donde caerse muertas, borrachos con buena puntería y dos o tres obsesiones personales de Ford, los conflictos del Sur, la ética anticuada más el mítico personaje del Juez Priest, encarnado por el veterano del musical «Show Boat» Charles Winninger) y «Prisionero del odio» (« Prisoner of Shark Island», 1936, con Wallace Berry, Gloria Stuart y John Carradine exponiendo lo peor de la justicia militar).
La carta despareja es toda una superproduccion, «Cuna de héroes» («The Long Gray Line», 1955, con Tyrone Power y Maureen O'Hara), retrato de la formación militar con humor y emotividad deliciosamente anticuada, en Technicolor y CinemaScope.
Más que una retrospectiva rigurosa sobre algún aspecto de la obra de Ford, este quinteto se parece a una mano de póker no muy ganadora. Por suerte, hoy en Buenos Aires, le gana a casi todos ( excepto quizá al ciclo Glauber Rocha exclusivo del Malba, tan completo como para continuar durante todo mayo, en forma independiente al resto de la muestra, por supuesto sin incluir los films en competencia).
Olvidando las ironías fordianas, esto es algo que hay que agradecer en serio. Ni hablar de preocuparse por sutilezas, como que sólo dos films de este quinteto sean auténticas producciones pioneras del cine independiente («Wagonmaster» y « Resplandece el sol»).
Hay que destacar que, por algun motivo -igual que Glauber Rocha en el Malba- estas películas de Ford se programaron exclusivamente en la Sala Lugones, el lugar donde este tipo de cine podría verse durante todo el año (de hecho, los tres o cuatro ciclos contundentes que programa la Lugones a lo largo de un año tienen mucho más material que todo este festival, con mucho menos presupuesto). Diego Curubeto
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