7 de junio 2004 - 00:00
Preocupante desinterés por arte argentino en subastas
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Obra histórica de los ’60 de Ernesto Deira que Sotheby’s acaba de vender en apenas 25.200 dólares, muy lejos de las cifras alcanzadas por el arte argentino en los años noventa.
Ahora, aunque todavía existen algunas «ofertas», el mercado tiende a nivelarse. Pero episodios recientes, como la carta documento que envió a una subastadora porteña el presidente de la Fundación Pettoruti, Tomás Díaz Varela, y el cuestionamiento sobre una obra atribuida a Joaquín Torres García de Cecilia Torres, nuera y galerista del maestro uruguayo, sembraron dudas sobre la autenticidad y la calidad de las gangas que se venden como pan caliente a precio de remate. «Mientras los galeristas brindan seguridades y se hacen responsables de la autenticidad de las obras, hay subastas en las que no se cumple ese requisito», aseguró un directivo de la Fundación arteBA.
Por otra parte, los galeristas observan que el aporte estatal define, en los países del mundo desarrollado, aún en aquellos donde se aplican políticas de libre mercado, los precios de las obras de sus artistas, porque los museos e instituciones culturales compran sus obras.
En Argentina, los escasos presupuestos de la Secretaría de Cultura y la Cancillería, desalientan cualquier aspiración de que el gobierno coopere con el sostén, la difusión y proyección internacional de nuestro arte. Pero no todas las falencias se pueden atribuir a la falta de dinero, porque las sumas que algunos funcionarios de estos organismos gastan en viajes, viáticos y exposiciones intrascendentes (que revelan la ausencia de un plan cultural que justifique los sueldos que cobran), sobraría para apoyar nuestro arte.
«Nadie reclama ayuda económica en tiempos de crisis, pero cuando presentamos a nuestros artistas en muestras, bienales o ferias del exterior, las sedes de nuestros consulados podrían servir al menos para ofrecer un cocktail y así estrechar relaciones y favorecer contactos», dijo la galerista Orly Benzacar.
Se debe tener en cuenta que las galerías que trabajan con artistas jóvenes, con el objetivo de brindarles visibilidad, pagan cifras que en las ferias internacionales alcanzan los 30.000 dólares, cifra que con obras que rondan los 2000 es casi imposible recuperar. En suma, mientras algunos se rasgan las vestiduras por las carencias presupuestarias, otros consideran que el gasto público necesita una urgente revisión. Es imprescindible controlar que el dinero del Estado se distribuya democráticamente, en iniciativas que trasciendan los anhelos personales de los funcionarios y sirvan a la comunidad. Exclusivamente.



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