7 de agosto 2003 - 00:00

Radano: "Arias halla poesía en el barro"

Alejandro Radano
Alejandro Radano
L uego de su exitoso debut en París, dirigida por Alfredo Arias, Alejandra Radano volvió a Buenos Aires para protagonizar en La Trastienda (Balcarce 460) la ópera-cabaret del mismo director «Relaciones Tropicales», basada en la famosa novela epistolar de Choderlos de Laclos, «Las relaciones peligrosas», que ya ha sido objeto de varias versiones teatrales y cinematográficas, entre ellas las de Roger Vadim, Milos Forman y Stephen Frears. El espectáculo está compuesto íntegramente por boleros y su estreno está previsto para el 14 de agosto. La potente protagonista de «Chicago» y de «Canciones degeneradas» (un atractivo music-hall de aires brechtianos) tiene a su cargo los tres papeles femeninos de la obra: la intrigante condesa Merteuil, la puritana Madame Trouvel y la perversa quinceañera Cecilia Volanges. Junto a ella, el argentino radicado en París, Giorgio Faelli, compone al maquiavélico Vizconde de Valmont y a su rival Danceny. Según lo anticipado por Arias, el lenguaje musical y dramático de «Relaciones Tropicales» es «una reflexión irónica y poética sobre la ópera del siglo XVIII». El texto de Laclos (contemporáneo del Marqués de Sade), fue adaptado por René de Ceccatty, habitual colaborador de Arias. Los temas musicales fueron seleccionados por Gonzalo Demaría y los arreglos pertenecen al músico y pianista Marcelo Macri. El vestuario es de Françoise Tournafond y el diseño de iluminación de Jacques Rouveyrollis. Dialogamos con Alejandra Radano, una actriz y cantante de extraordinaria fuerza expresiva. El mismo Arias reconoció que al verla actuar en su musical «Concha Bonita», como partenaire de la cantante de rock Catherine Ringer (una estrella en Francia), supo que Radano era la intérprete ideal para encarnar tres roles bien diferentes que además exigen un amplio registro vocal.

Periodista:
¿Le costó insertarse en el ambiente teatral francés?

Alejandra Radano: Estaba muy inquieta y expectante, pero la verdad es que no tuve ningún obstáculo. Sólo tuve que hacer mucho hincapié con el tema de la lengua, porque eso sí era nuevo para mí. Además tuve la suerte de que «Concha bonita» fuera un éxito absoluto. No lo podía creer. El Teatro Nacional de Chaillot es el más importante de Francia, tiene 1200 localidades y estaba lleno todas las funciones, de martes a domingo. Es que Alfredo Arias tiene mucho peso en Francia, todo el mundo quiere trabajar con él.Además el nombre de Catherine Ringer es muy convocante allá.


•Cruce

P.: ¿Qué opina de este cruce atípico entre una novela del siglo XVIII y el bolero?

A.R.: De movida, suena extraña esta combinación, pero cuando uno lee la novela encuentra frases enteras que parecen sacadas de un bolero. A diferencia del tango, que tiene una cualidad más bien melancólica, el bolero es pura pasión exacerbada, que hace decir: «Voy a clavarme los hierros candentes porque prefiero estar ciego que no volver a verte». Cuando leés la novela y ves esas situaciones de amor tan desesperado como la que sufre Madame Tourvel, que es una mujer casada pero termina tan enamorada de Valmont que muere a causa de la culpa que siente, entonces entendés que alguien pueda llegar a hacer determinadas cosas por amor y ése el motor que te lleva a cantar este tipo de canciones. Porque son situaciones que siempre están al borde de desmesura y pueden resultar involuntariamente graciosas.


P.:
¿En qué época transcurre esta versión?

A.R.: Hay sorpresas. Sólo puedo anticipar que los trajes y parte de la escenografía remiten al siglo XVIII, pero después hay muchos contrastes muy al estilo de Alfredo que tiene esa manía de encontrar poesía en el barro.


P.:
¿Qué temas destacaría dentro de la obra?

A.R.: Es el relato de una venganza, un juego entablado por Valmont y Merteuil en el que ambos terminan enredados en su propia telaraña. Uno de los rasgos más interesantes de la obra es que Laclos, además de que denuncia la hipocresía de las convenciones sociales y de la religión, reivindica el derecho a pensar de la mujer. El personaje de Merteuil decide no casarse cuando queda viuda para poder ser libre. Parece increíble que esta obra haya sido escrita por un hombre de esa época, que además era militar.

P.: La obra tiene su costado perverso, porque seducir a una quinceañera para que no llegue virgen al matrimonio sugiere un juego erótico muy fuerte.

A.R.: Hay que ver que esa quinceañera termina siendo más perversa que todos los adultos. Yo vi todas las películas que se hicieron sobre «Las relaciones peligrosas» y me sorprendió que casi no tuvieran escenas de cama. Todo lo que sucede está sugerido y me parece bien que así sea, que el espectador tenga que imaginarse el resto, lo mismo que cuando uno lee el libro.

P.: ¿Cómo es esto de trabajar en una ópera-cabaret?

A.R.: La obra es totalmente cantada y además de los boleros se incluyeron algunos recitativos que compuso Gonzalo Demaría. Lo de cabaret tiene que ver con el hecho de cantar en un lugar que tiene mesas y que genera una especial proximidad con el público. Es un género muy difícil, donde el artista está muy desprotegido. Por eso requiere de un gran rigor y concentración para que no se pierda la magia del espectáculo. Imagine que alguien vuelque una copa y rompa todo el clima que logramos ¿qué hace? va a la boletería a que le devuelvan su dinero.

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