8 de agosto 2001 - 00:00

Razones de un premio

Fue el mejor de los siglos, fue el peor de los siglos y el siglo XX tuvo el infernal privilegio de llevar la limpieza étnica a la última ratio irracional de la Shoa o exterminio sistemático de la raza judía. El Holocausto de 6 millones de judíos alemanes, polacos, húngaros, rusos, es decir, de los judíos askenazis, no parecía incluir a los judíos sefardíes.

Ahora la novela «Velódromo de Invierno» (que Juana Salabert inscribe en el género de la novela de denuncia, originada en el siglo XX), se presenta no como un documento ni un documental, sino como una exposición, realizada en diversos planos narrativos, cuyo tema es la recreación del inicio de la concentración, traslado y muerte de los judíos sefardíes en Francia. Es un raro privilegio leer esta narración original de la aniquilación de un pueblo hecha con la connivencia del gobierno de Vichy, cómplice de la ocupación alemana de Francia, y la indiferencia cuando no la anuencia de los ciudadanos de París que una vez erigieron el lema «Liberté, Egalité, Fraternité».

El Velódromo de Invierno fue, en París, el lugar y origen de la deportación masiva de sefardíes, también ciudadanos franceses nativos de Francia; es este relato emotivo y a la vez emocionante que cuenta, entre diversas vidas culpables de su inocencia, unas páginas del libro que se ha llamado, justamente, historia eterna de la infamia. Con esta novela que la autora, estoy seguro, hubiera preferido no tenerla que escribir, Juana Salabert se inscribe en la larga lista de los testigos de cargo de la culpa que no cesa.

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