15 de abril 2005 - 00:00

Se exhibió el último film de Susana Campos

Roxana Berco y su madre,Susana Campos, en unaescena de «Como pasanlas horas», lo másinteresante ayer en elBafici.
Roxana Berco y su madre, Susana Campos, en una escena de «Como pasan las horas», lo más interesante ayer en el Bafici.
Lo más interesante de ayer en competencia en el Festival de Cine de Buenos Aires fue «Como pasan las horas», de Inés de Oliveira César, uno de esos dramas intimistas donde parece que no pasa nada, y sin embargo se siente la tensión en el aire. Simplemente, el hombre va a la costa con el chico de cinco años, mientras la mujer saca a pasear a su anciana madre. Sólo que en un momento ambas entonan el «Romance del enamorado y la muerte», con aquello de «que la hora ya es venida». Y que las actrices son Roxana Berco y su propia madre, Susana Campos, a quien vemos ya enferma, haciendo con plena conciencia, pero sobre todo con gran nivel y belleza, su despedida cinematográfica.

Con exteriores en Monte Hermoso, la obra utiliza cada tanto un lente anamórfico a la manera de «Madre e hijo», en este caso como una forma de memoria enrarecida que contribuye a formar el clima. Más duro, intenso, sin esa búsqueda de poesía, es el drama alemán (fuera de concurso) «Mi padre», sobre el modo en que un enfermo de Alzheimer, de apenas 62 años, va enfermando también a toda la familia, por más que lo hayan querido cuando estaba sano. Dato interesante, el protagonista es Götz George, recordado actor estilo Franco Nero pero con más cuerpo, especialista en cine de acción, que acá hizo «Ojos azules».

Y el director es Andreas Kleinert, de quien se está desarrollando todo un ciclo, y es precisamente uno de los jurados de la competencia. Lo que está muy bien: a la gente siempre le interesa saber con qué derechos puede uno juzgar a los demás. Ayer también se vio «Ronda nocturna», regreso de Edgardo Cozarinsky al cine argentino, aquí con las andanzas de un taxi-boy al que cada tanto se le cruzan unos muertos que vienen a buscar los seres que amaron. Como los de Eliseo Subiela en «Ultimas imágenes del naufragio», que subían al colectivo con un paquetito de facturas, estos muertos apenas se distinguen de los vivos.

«Pero se filman también fantasmas vivos, esos que mueren cada noche»,
dice Carmen Guarini en el making off de la película, y a poco su cámara apunta a unos travestis horrorosos que aparecen en la de Cozarinsky. En verdad, el trabajo de Guarini es más bien una reflexión sobre la captación de lo intangible de un rodaje, y, como para distanciarse, se llama «Meikinof».

«Resisto el encasillamiento»
, dice ella. «He aprendido a aceptar que la realidad ignore esas mismas nociones de verosimilitud que exigimos de la ficción», dice él. Inverosímil pero real, ayer se programó una mesa redonda a las 17 para discutir sobre una película que recién iba a presentarse a las 20 por primera vez. Pasa en las mejores familias.

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