25 de julio 2007 - 00:00

"Sin los indígenas no tendríamos cine en Australia"

JamesHewison,curador de lamuestra decineaustraliano,que se verádesde hoy enla SalaLugones delTeatro SanMartín.
James Hewison, curador de la muestra de cine australiano, que se verá desde hoy en la Sala Lugones del Teatro San Martín.
Presentando 18 títulos del actual cine australiano (desde hoy en Sala Lugones, traído por Cinemateca Argentina) se encuentra James Hewison, ex director del Festival Internacional de Melbourne, en cuyo nombre vino años atrás «a un pequeño evento en Mar del Plata, organizado por alguien que echaron del Bafici».

Periodista: ¿Y ahora a usted lo echaron de Melbourne?

James Hewison: No, todo lo contrario, pero quería viajar menos y estar más con mi familia. Ahora conduzco el Australian Film Institute, un organismo cultural que en 2008 cumplirá 50 años.

P.: ¿Cómo son los productores en Australia?

J.H.: Son muy dependientes del financiamiento estatal, y aman los presupuestos altos, quizá demasiado altos, por lo que cada film puede llevarles unos cinco años. Entonces, hay quien hace una o dos películas y desaparece. La excepción más obvia es Rolf de Heer, que hace casi una por año, con presupuesto bastante bajo.

P.: ¿El de «Diez canoas», que compitió en el último Mar del Plata? Parece simple, pero debe haber costado lo suyo.

J.H.: No, no. Se filmó en lugares remotos, inhóspitos, inaccesibles, pero sin ningún costo extra, porque la hizo con un pequeño equipo junto a la comunidad indígena del lugar, que aportó alojamientos y actores.

P.: ¿Y tuvo buena repercusión?

J.H.:
La gente se acerca con prejuicios, seguimos en conflicto con nuestro pasado, pero varios de nuestros mejores films son hechos por indígenas. Quizá traiga algunos títulos el año próximo. Ahora, con esa temática, traje «El rastreador», de Rolf de Heer, «Resplandor», sobre tres hermanas de vida común y corriente, pero marcada por su piel oscura, que vuelven al pueblo para el entierro de la madre, una de adolescentes, «Yolngu Boy», de productor blanco, y el corto «Árbol verde», de un talentoso productor indígena, muy trabajador. Con «Resplandor» debuta Rachel Perkins, una activista de su raza, miembro de la Comisión Australiana de Cine, donde hay una sección específica para el desarrollo del cine indígena. ¿El Incaa tiene una sección parecida?

P.: No, pero tampoco tenemos demasiados indios. ¿Ustedes tienen mestizaje?

J.H.: Sí, por supuesto, sobre todo en las zonas adonde se fueron los sobrevivientes de la gran masacre de Tasmania, ocurrida hace 150 años. También hace 150 años empezó a llegar otra gran minoría, la población china. Su peso es muy importante, pero me preocupa que no tengan ninguna representación en los organismos públicos. El restaurante más antiguo de Australia es chino, casi todas las ciudades tienen su Chinatown, todos tenemos nuestro restaurante chino favorito, pero sabemos muy poco de ellos. Y ni siquiera los registramos, no se ven caras chinas en las películas ni en la tele. Y ellos no se dan demasiado a conocer. No hacen cine, no sabría decir por qué. Si tienen actores, no lo sabemos. Para filmar la historia de su madre, una cantante de Shanghai, un productor amigo mío debió recurrir a la chinoamericana Yaoh Chen.

P.: ¿Qué otros títulos recomienda?

J.H.:
Un drama muy fuerte, «Los muchachos», «De frente», de Anna Kokkinos, «Lantana», un thriller que ganó siete premios del AFI, y los cortos «Bolsa de petardos» (Palma de Oro en Cannes 2003), «Harvie Krumpet» (Oscar 2004), «Lengua materna», y «Birthday Boy», de un alumno coreano de la escuela nacional de cine, donde hay cada vez más coreanos.

P.: Debe ser difícil mantener un baluarte anglosajón frente al Este Asiático.

J.H.: Cuesta hacerse a la idea, pero son nuestros vecinos.

P.: ¿Ustedes los miran como si fueran indios?

J.H.:
No quiero evitar la respuesta, pero en el fondo usted me pregunta si todavía somos racistas. Hay residuos, pero me animaría a decir que eso está cambiando. Por ejemplo, cuando era chico, nos enseñaban historia británica, europea, norteamericana, y, en el último año, australiana. De indios y asiáticos, nada. Hoy, en muchas escuelas primarias, los niños ya aprenden japonés.

P.: Volviendo al cine, ¿qué pasó con los grandes directores de los '70 y '80?

J.H.: Esa fue una época dorada. Luego caímos, en parte debido a un cambio de incentivo estatal, y se hicieron cosas realmente muy malas. Pero también unas cuantas «buenas películas malas», esas hijas tontas de «Mad Max» que le gustan a Tarantino. Entretanto, Peter Weir, Bruce Beresford, Fred Schipisi y Philip Noyce emigraron a Hollywood, y lograron varios éxitos de tipo americano. Ahora Beresford quiere rodar algo sobre los australianos en la Guerra de Vietnam, pero le está costando vivir en Sydney. En cambio Noyce volvió, e hizo «Cerca de la libertad» y «El americano quieto».

Entrevista de Paraná Sendrós

Dejá tu comentario

Te puede interesar