Sobresale la villana Demi Moore

Espectáculos

«Los Angeles de Charlie al límite» («Charlie's Angels: Full Throttle», EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: McG. Int.: D. Barrymore, C. Diaz, L. Liu, D. Moore, B. Mac, C. Glover.

E l contexto naif de las series de TV de mediados de los '70 impedía que «Los Angeles de Charlie» luciera mucho más tonta que las demás (de hecho, «La Mujer Maravilla» la superaba en ese sentido). Pero cuando hace un par de años, las famosas agentes saltaron al cine, ese detalle ya no se pudo disimular, a punto tal que algunos espectadores lo vieron como una cualidad especial del film. Esta segunda parte lleva la tontería a niveles surrealistas, dándole más interés a una franquicia que tiene todo para seguir al menos un par de films más. La línea entre lo tonto divertido y lo tonto a secas es muy delgada, pero en los dos prólogos previos a los títulos de esta secuela por suerte la tontería explota a niveles bíblicos: comienza con un homenaje a Indiana Jones y a James Bond en Mongolia -más que levemente racista, eso sí- y sigue con una presentación de los personajes realmente graciosa. Luego viene una masa gelatinosa que por momentos parece una trama. Hay una lista de testigos de identidad reservada a ser vendida a la mafia, un angel caído (Demi Moore, lo mejor de la película) cuyo resentimiento con Charlie no queda muy claro, corpiños a prueba de balas, un ex novio irlandés que sirve de homenaje a «Cabo de Miedo», chistes sobre la monja de «The Blues Brothers» y un padre inglés para Lucy Liu (el Monty Phyton John Cleese) que, sin saber nada de Charlie y sus angeles, escucha azorado cómo su hija se volteó a 12 marineros en el puerto.

En el medio hay insufribles efectos digitales para todas las explosiones, las interminables y pesadillescas carreras en motocross más artificiales que cualquier dibujo animado, una buena cantidad de gags tontos a secas y la ya mencionada ausencia de hilo argumental. También hay mucha más seducción que en el film anterior, y desde algunos arranques lésbicos de la malvada Moore, hasta un strip tease con fondo musical del tema de la Pantera Rosa en versión lounge, estos ángeles se preocupan por mostrar que no son criaturas tan espirituales, lo que realmente se agradece.

Eso, el misterio fetichista que encarna un increíble Crispin Glover y un par de chistes buenos -y bastante groseros-ayudan a pasar el rato con una sonrisa boba, que nunca llega a borrarse del todo ni siquiera en las peores partes que, cada tanto, amenazan con arruinarlo todo.

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