3 de agosto 2000 - 00:00

"SOLAS"

U n año y medio sin bajar de cartel en la sala madrileña de estreno, premio del público en el festival de Berlín '99, premio del público en el de Valencia, premio del público en todas partes, y en todas partes el público -alemán, gallego, japonés- que sale con los ojos colorados, la garganta hecha un nudo, temblando de emoción y sonándose los mocos. Lo mismo pasó este verano en Punta del Este, y hace poco en la muestra porteña de cine francés y español. ¿Qué tiene esta película?No tiene estrellas ni figuras conocidas, ni siquiera el director era conocido, al contrario, eran casi todos primerizos. No tiene efectos especiales, ni escenas de sexo, violencia, ni romance. No tiene ninguna historia compleja. Simplemente hay una muchacha agria, y agriada por la vida, un padre agrio y necio, internado en un hospital, una madre campesina, apocada, el médico, el dueño de un bar, un viejo con su perro. Es eso, un drama familiar. Y tampoco tiene esas catarsis fáciles de film americano, con gente que se abraza y gimotea «nunca te dije cuánto te quiero», ni nada parecido.

•espeto y hondura
Lo que tiene es un tema y unos personajes que a cualquier espectador le tocan bien de cerca, y que están tratados con el respeto y la hondura que se merecen. Un autor de origen campesino, Benito Zambrano, que sabe en carne propia lo que es sufrir y ha estudiado debidamente cómo expresar-lo. Unos intérpretes exactos, que parecen nacidos para esos personajes y se entregaron a ellos sostenidos en la pasión, la piedad y la excelencia de los textos. Un montajista, Fernando Pardo, maestro de Zambrano en San Antonio de los Baños, que supo apretar la historia, tensarla en un crescendo sin desmayos. Una fotografía sin ostentaciones, pero bien expresiva, que empieza como la película, en lo oscuro, y termina, igual que la película, llena de luz, purificando en lágrimas al espectador.
Doble mérito para la obra, en este último caso, porque todo termina lleno de luz, y no es precisamente un final feliz. ¿Esperanzado, acaso? ¿De leve consuelo? ¿Un poco irreal? Si hay gente como la que muestra este drama -y cualquiera conoce gente como ésa, incluso en su propia familia-, ¿por qué no puede haber finales hermosos como éste? Lo antecede un diálogo un poquito teatral, no porque la gente se grite (aquí no hay gritos), sino por la altura y la nobleza que puede descubrirse también en esa gente, y en sus palabras.
Premios Goya, también, al director debutante y el guión, a la actriz secundante,
María Galiana; a la actriz debutante, Ana Fernández, y al actor debutante, el viejo Carlos Alvarez Novoa, que venía de hacer «El príncipe azul», dirigido por Omar Grasso, en el teatro. Lástima el lanzamiento de la película, hecho como con desgano, de apuro, casi en silencio, como si fuera mala.

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