Chango Spasiuk ( acordeones). Con H. Ruiz Guiñazú (percusión), S. Villalba (guitarra, voz), V. Renadeau ( violines), J. Núñez ( bandoneón), M. Núñez (guitarra) y J.P. Navarro (contrabajo). (La Trastienda, 9/10; repite el 16/9.)
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La enorme mayoría del folklore argentino se construyó a partir de la herencia española. Pero existe una excepción y está en la música del nordeste, donde pisaron muy fuertemente los inmigrantes de Europa Oriental, judíos y católicos, que dieron un sabor distintivo a la música de esa región. El misionero Horacio «Chango» Spasiuk lleva en sus venas la sangre ucraniana de sus abuelos. Pero en la pequeña localidad de Apóstoles donde nació -muy cerca de las fronteras con Brasil y Paraguay-se sumaron también las influencias de la múlosica mbyá-guaraní y de los países vecinos. Artista curioso, acordeonista con un importante manejo de su instrumento -sea con el gran acordeón de teclas o con la verdulera-, investigador de las raíces de su música y su cultura y, a la vez, de todo el universo sonoro, ha sabido componer un personaje artístico de vuelo muy alto. En su manera de tocar y componer están, entonces, los más grandes maestros del chamamé -a quienes admira y evoca permanentemente con las canciones que toca-, pero también el chotis tradicional de sus ancestros, las armonías más trabajadas de las corrientes urbanas del sur de Brasil, las sutilezas tímbricas, las orquestaciones elaboradas que hacen convivir instrumentos tradicionales con otros de diferentes culturas. Estas actuaciones de La Trastienda (se sumará otra presentación el próximo fin de semana) y su concierto de apertura del inminente festival folklórico de la Secretaría de Cultura, serán el paso anterior a una gira que llevará a Inglaterra, Alemania, Austria y Holanda; una rutina internacional a la que el Chango ya se ha acostumbrado. Actualmente, está trabajando sobre la base de sus tres últimos discos, distintos y complementarios entre sí: «Polcas de mi tierra», «La ponzoña» y «Chamamé crudo». Y está eligiendo un formato más «acústico», con mucha percusión de orígenes diversos, violines -europeo y toba-, acordeón, guitarra, contrabajo de caja y bandoneón. Arma su show con repertorio propio -por momentos de nivel superlativo, como ocurre con su tema «La ponzoña», por caso-. Y deja para el momento de los bises la interpretación de los clásicos, como «Kilómetro 11» o «El toro». En síntesis, un artista que está entre lo mejor que ha dado la música popular argentina en los últimos años. Informate más
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