«Sueño de una noche de verano»de W. Shakespeare. Dir.: A. Zanca. Int.: P. Krum, J. Furriel y elenco. Mús. Orig.: E. Jodos. Esp. esc.: M.Arigós, C. Brisighelli y H. Calmet. Ilum.: G. Córdova. Vest.: M. Zuccheri. (Teatro San Martín-Sala Martín Coronado.)
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De no ser por las escenas eróticas, esta nueva versión de «Sueño de una noche de verano» podría pasar por un infantil, aunque no tan divertido como el que años atrás dio a conocer Claudio Hochman en la Sala Casacuberta del San Martín, basado en una libérrima adaptación de otra obra de Shakespeare («Latempestad») que deleitó a grandes y a chicos durante tres temporadas. «Sueño...» va en horario nocturno y, tal como anticipó la directora Alicia Zanca, está destinada al público joven, el mismo que apoyó hace dos años su exitosa versión de «Romeo y Julieta», protagonizada por Pablo Rago y Laura Novoa, y con abundantes escenas de esgrima y acrobacia). Esos mismos recursos reaparecen ahora junto al uso de arneses (para las escenas de vuelo) y otras habilidades físicas (caídas chaplinescas, luchas cuerpo a cuerpo, posiciones de danza Kathakali, etcétera) que apuntan a enriquecer la acción. Pero como el elenco convocado exhibe diferentes estilos -y calidades- de actuación, las escenas tienden a perder conexión entre sí perjudicando el ritmo de la puesta.
Los conflictos entre Oberón y Titania oscilan entre la languidez (el carilindo Joaquín Furriel es sumamente inexpresivo) y el estallido erótico, a cargo de Paola Krum (una Titania más enardecida por sus urgencias sexuales que por su rivalidad con Oberón); mientras que los desencuentros amorosos de las dos parejitas atenienses combinan la liviandad de una comedia televisiva con un gran despliegue físico en peleas y persecusiones.
El tercer nivel argumental -el de los artesanos encargados de representar una obra en la boda del rey de Atenas- es el que más espacio ocupa dentro de la puesta, y su ingenua comicidad asegura las risas del público. La participación de Daniel Casablanca (integrante de Los Macocos) es toda una garantía al respecto, lástima que con su peculiar histrionismo termine generando un show propio dentro del espectáculo. Oski Guzmán, en cambio, compone a un convincente y malicioso Puck, el único de los personajes mágicos que se comporta como tal.
La presencia del propio Shakespeare (el siempre eficaz Roberto Catarineu) vestido de smoking y oficiando de director, apuntador y servidor de escena, no aporta ningún rasgo interesante a la acción, al contrario, tanto sus monólogos extraídos de «Hamlet» y de «La tempestad», como sus permanentes acotaciones resultan redundantes y prolongan innecesariamente la acción. La salvaje poesía del original ha sido reemplazada por un repertorio de canciones demasiado ecléctico y con letras que explican lo que no necesita explicación. «Sueño...» es algo más que una comedia de enredos y el hecho de que su irónica visión sobre el amor y el deseo esté en manos de seres sobrenaturales, exige un diseño visual acorde a ese nivel simbólico. Sin embargo, a excepción del sensual vestuario de Mini Zuccheri ( embellecido con algunos toques de la India), los distintos rubros técnicos parecen haber ignorado que la obra transcurre en un bosque prodigioso que transtorna los sentidos de los mortales.
Carente de una estética atrayente y con una estructura dramática que va perdiendo rumbo a medida que se acerca a su demorado final, no es fácil prever qué respuesta darán los jóvenes y adolescentes a esta propuesta.
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