10 de julio 2001 - 00:00

Sus fans le creen a Cabral

Facundo Cabral es un caso único en la música argentina. Su repertorio apenas cambia, su propuesta sigue estando centrada en la voz y la guitarra, y su estilo musical no se interesa por las modas sonoras ni los mandatos del marketing. Sin embargo, la fidelidad de su público permanece intacta.

Debutó el fin de semana con dos funciones en La Trastienda, pero ya tiene vendidas todas las localidades para dos fines de semana más, y el ciclo continuará mientras las entradas se sigan vendiendo. Cabral no es un cantautor en el sentido estricto de la palabra. Por cierto que canta varios de sus clásicos -algunos, musical y poéticamente logrados-, alrededor de géneros que van de la milonga a la cifra o al vals criollo. Pero, en rigor, aquello que le permite seguir conquistando a la gente está en lo mucho, muchí-simo, que habla entre tema y tema, o en medio de ellos.

Como una suerte de profeta aficionado, da consejos, recita frases sentenciosas, cuenta anécdotas inverosímiles, deja caer algún chiste (aunque este show es menos humorístico que otros anteriores), relata encuentros imposibles con gente de lo más variada, hace la crónica de viajes maravillosos por los sitios más remotos, menciona mucho a Dios y a la madre Teresa. Su público le cree, aunque lo que dice no pueda ser comprobado ni remotamente, porque es capaz de mantener la atención -inclusive de aquellos que sólo van a verlo como un personaje- a lo largo de todo el espectáculo.

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