«A puerta cerrada», de J.P. Sartre. Dir.: M.Blanco. Int.: P. Botte, A. Lecouna, J. Viera y J.C. Ferrari. (AuditorioCendas.)
“El infierno son los demás”, dice Sartre ensu obra «A puerta cerrada», pero la frase contiene un guiño. Nadie puedetransformarse en un infierno para quien no alberga la vergüenza y la culpadentro de sí mismo. Esto es lo que sucede con los tres personajes de la obra.Quieren escapar de lo que son. Y no pueden. Pero no del modo en que lo hacenlos personajes de Pirandello. Estos sólo quieren mostrarse vestidos deblanco, como la protagonista de «Vestir al desnudo». Ella quiere unvestido blanco para que la recuerden así los que la rodearon. Los personajes deSartre tienen la aspiración de verse de este modo dentro de sí mismos.La suya es una desesperación lúcida y fría: intelectual. Que no tiene nada quever con el casi modesto deseo de «figurar» al que aspiran las criaturas delautor italiano.
Martín Blanco ha caído en el error de«italianizar» la pieza de Sartre y de este modo ha mellado sus aristas. Estelle,Garcin e Inés son seres malvados y lo saben. No son modestos: susufrimiento es un sufrimiento lúcido y frío. Y esto es lo horrible, porquesufren en sus mentes y no en su corazón. Y éste es su infierno, no hay en ellosnada visceral.
Atención
Marcar a Estelle como alguien que llorapermanentemente y se aferra a pequeños gestos, distrae la atención delespectador y desvirtúa la maldad intrínseca de la infanticida. Lo mismo sucedeen el caso de Inés. Ella no grita. No necesita gritar. Le basta con elpoder de su malvada inteligencia para reinar en el alma de los otros ymanipularlos. Como le basta a Garcin su dominio de la mentira paratraicionar a sus compañeros de causa. Los líderes políticos raramente semuestran vulnerables. Y si lo hicieran, nadie les creería.
El director apostó a los desbordes emocionales,creyendo que de este modo imprimiría mayor vigor a la pieza. Pero la obra(perfecta por lo demás), se resiste a este tratamiento. La violencia estáimplícita en la ironía, en el desprecio, en la feroz inteligencia que cada unodemuestra. Destinada, después de la muerte, como lo fue en la vida, a sacar elmayor rédito posible de cada una de sus jugadas.
La obra refleja de tal modo los comportamientosactuales, que da escalofríos.
«A puertas cerradas» es el desarrollo de unjuicio. Un juicio del que nadie podrá escapar. No necesita ser explicada y laescenografía es casi innecesaria. Con una luz sobre cada uno de los personajesse podría lograr una atmósfera despiadada que reina en los interrogatoriospoliciales.
Blanco no ha tratado de «innovar», lo que esun alivio. Pero el «método de las acciones físicas» no es el más apropiado paratratar una obra violenta pero fría, que apuesta más al intelecto que alsentimiento. Por más que los actores se esfuercen por lograr ciertacondescendencia, esto es imposible. Tal vez sea útil el trabajo actoral de PatriciaBotte (Inés), Agustina Lecouna, Julio Viera (Garcin) y JuanCarlos Ferrari (Camarero), pero «humanizar» a los fríos personajes quetratan de justificar a través de sus discursos, más que facilitarles la tarea,desdibuja el significado del discurso.


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