“Es un buen momento para cambiar algo y dejar esa mirada ombliguista del teatro sobre el teatro”, dice la dramaturga y directora Mariana Chaud, quien presenta en el streaming del San Martín “El regreso del disco de oro del Voyager 1”, sobre textos escritos y dirigidos por ella, con elenco integrado por Marina Bellati, Santiago Gobernori, Marta Lubos y Lalo Rotavería, entre otros. Se trata de cuatro obras, recopiladas en una: “Sigo mintiendo” (2004), “El hecho” (2005), “Budín inglés” (2006) y “Ubú patagónico” (2014). Dialogamos con Chaud.
Mariana Chaud: "El teatro debe ya dejar de mirarse el ombligo"
"El regreso del disco de oro del Voyager 1" es el resultado de la fusión de cuatro obras, sintetizadas en la llegada de un extraterrestre con un mensaje. El espectáculo forma parte de "Modos híbridos".
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Alien. El extraño visitante llega al hall del Teatro San Martín.
Periodista: ¿Cómo unió estas cuatro obras?
Mariana Chaud: Busqué ponerlas a dialogar de manera formal, casi como un collage, y terminé encontrando que el personaje del extraterrestre, que es de la obra “Sigo mintiendo”, unía este recorrido por las diferentes obras y amparaba la idea de percibir una parcialidad desde una mirada no sólo del teatro sino por fuera del mundo.
P.: ¿De qué trata?
M.C.: De un extraterrestre que ha encontrado el disco de oro que lanzó el Voyager en 1977 en el espacio. Ese es un mensaje para la humanidad y viene a devolverlo a la Tierra. Cae en el teatro San Martín y se encuentra con una situación extraña de un teatro vacío, ve fragmentos y empieza a imitar y a absorber algo de eso. La historia está contada de adelante hacia atrás, comienza desde que se va y deja el disco y termina cuando llega.
P.: ¿Cuál sería el tema entonces?
M.C.: Es difícil decirlo porque si bien el eje narrativo es este extraterrestre que se va con esta idea del mundo, creo que cada obra tiene su impronta y algo de eso es lo que vemos. Lo que se termina contando es cómo el disco es similar a una botella con un mensaje flotando en el océano inmenso, que no se sabe a quién llegará. Las obras de teatro que hacemos están un poco en esa situación y quedaron sin mucho archivo. Eso termina de unir.
P.: ¿Que le dejó la pandemia al teatro?
M.C.: Encuentro que ponernos a hacer teatro de la misma manera, o tratar de recuperarlo en el modo en que veníamos haciéndolo, es desaprovechar algo de lo que está sucediendo. Claro que el impulso es conservar aquello que teníamos y volver a querer hacerlo tal cual, con la gente de las salas, hay mucho deseo de eso, pero siento que algo de esta situación de pandemia viene a cambiar un poco las aguas, a mover la manera en que hacemos teatro en Buenos Aires que ya viene agotando un ciclo de teatro de cámara de una misma manera. Hay mucho de un off que viró al semicomercial, y que es un buen momento para cambiar algo de la mirada. No hay que temer a cambiar el lenguaje y hacer cosas para que sean vistas de manera diferente. Esos cruces son buenos, pueden superar esa mirada ombliguista del teatro sobre el teatro.
P.: ¿Cómo respondió el público al teatro por streaming?
M.C.: Hubo un primer momento en que se consumió más, yo no fui una gran consumidora de ese teatro. Luego se saturó un poco esto del teatro filmado porque no llena las expectativas de un espectador, que quiere el vivo. Por eso creo que hay que ir hacia unas mezclas o combinaciones del vivo con el streaming desde la manera de narrar.
P.: ¿Qué perspectiva ve para el teatro de aquí en más?
M.C.: Es incierto porque idealmente me gustaría que se fuera hacia un lugar de espacios públicos, al aire libre, que salgamos del teatro de cámara para tomar un poco los espacios e intervenirlos. Creo que ahí algo va a cambiar para bien, por ahora estamos todos recalculando, perdidos como si nos hubieran roto el hormiguero.
P.: ¿Cómo es hacer teatro con aforo reducido y abrir a pérdida por el mero hecho de hacer teatro?
M.C.: Nos viene bien para ponernos en movimiento, quiero ir como espectadora pero me dan temor las salas pequeñas, que son las que más sufren. Necesitan apoyo estatal urgente, y los artistas también. Es muy precaria la situación porque la mayoría no vive de las entradas sino del dictado de clases, entonces es muy complicado invertir para estar acorde a los protocolos. Algunas salen mejor paradas que otras.




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