3 de agosto 2000 - 00:00

"TESORO MIO"

I nspirada en el caso Fendrich, surge esta película realmente argentina, ya que bien argentinos son el muy buen elenco, la calidad técnica, la capacidad de hacer algo bueno con reducida inversión, y también la amarga ironía de su mirada. Pero que además -un plus a tener en cuenta- evita algunos vicios nacionales. No es ampulosa, ni pretenciosa. Y es honrada. No se trata exactamente de una película policial, aunque, como es lógico, todo concurre hacia el momento del delito. Más que eso, se trata de una buena pintura de ambiente, un cuadro de costumbres, que intenta explicar, y explicarse, cómo es que un hombre formado en una ética de trabajo, que ya tiene hecha su carrera laboral y su vida familiar, un hombre que goza del respeto de la comunidad y es públicamente superior en todo sentido a quienes lo rodean, termina robando a esa comunidad y a la empresa en la que durante más de veinte años trabajó, y que confió en él, y lo tuvo como modelo.
La película imagina los días previos al robo. La idea no parece pasar por su mente. En cambio, van apareciendo varios motivos como para que cualquier persona tranquila piense en cambiar de aires: una sucursal de tamaño y comodidades reducidas, donde todavía hay que pasar varios años, una esposa linda, apetecible, pero ya medio neurótica, una amante joven que en vez de distracción le acumula presiones y reclamos, unos amigos y parientes de mediocre catadura, que más vale perderlos que encontrarlos, pero uno debe verlos todos los días, so-portarlos, y en algún caso hasta encubrirlos. ¿Son más vivos que uno, que pasó trabajando toda su vida?
Un cumpleaños de 40, y una ofensa menor, de gente menor en todo sentido, obran de disparadores. Corresponde apreciar cómo la historia va avanzando a través de situaciones cotidianas, y qué buen sentido de observación tienen los autores, y los intérpretes, empezando por
Gabriel Goity, expresivo con lo mínimo, y Edda Bustamante, en su primer papel dramático. Señalables también la asfixiante fotografía de Esteban Sapir, y la precisión y humildad del debutante Sergio Bellotti, un nombre a tener en cuenta.


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