"Torres gemelas"

Espectáculos

Hollywood tardó cinco años en reaccionar ante una catástrofe nacional como el atentado a las Torres gemelas, y seguramente habrá que esperar algo más para que se materialicen, al fin, las grandes películas que reflejen esa conmoción. Este primer examen, realizado por el inconformista de otros tiempos Oliver Stone, es una expresión acrítica, dramáticamente convencional, y altamente emocional acerca del destino que corrieron los socorristas de las fuerzas policiales y de bomberos durante los hechos. Muy distinto fue el caso de la ya estrenada «Vuelo 93», referida a la caída del llamado «cuarto avión», un film ejemplar en muchos sentidos, que le ahorraba al espectador cualquier artilugio de pañuelo fácil. Stone nunca fue un artista excesivamente sutil, pero aquí abusa de esos recursos sin pudor.

«Torres gemelas» utiliza como marco la tragedia del 11 de septiembre, aunque dramáticamente se limita a la desesperación vivida por dos hombres que quedaron atrapados entre los escombros, y la angustia de sus familias durante esas horas. Esos hombres, interpretados respectivamente por Nicholas Cage y Michael Peña, son reales: el sargento de la autoridad portuaria John McLoughlin, y el agente y subordinado suyo Will Jimeno.

Cuando se produce el derrumbe de las torres, ellos, que integraban una de las tantas divisiones de socorristas, se refugiaron (junto con otros menos afortunados) en los huecos de los ascensores, y allí quedaron sepultados durante interminables horas en la oscuridad, el polvo, los bloques de cemento y los hierros retorcidos de la mole.

La película, cuyos veinte minutos iniciales (es decir, lo único que Stone mostró en el festival de Cannes) son eficaces y contextualizan bien la nefasta mañana, se circunscribe a partir de allí al estrecho rumbo del suspenso sentimental: ¿se salvarán o no esos dos hombres? ¿Dejarán huérfanos a sus hijos y viudas a sus esposas? ¿Logrará el heroico oficial de marines Dave Karnes (Michael Shannon) llegar a tiempo para rescatarlos?

Stone, pese a contar con una estupenda reconstrucción digital del World Trade Center, ni siquiera quiso reproducir la tan traumática e impactante escena del momento de la colisión de los aviones contra las torres. Hasta un film como «Las invasiones bárbaras» la mostraba, accesoriamente, con más vigor, mientras aquí sólo se ve pasar la sombra de uno de los aviones, y en otras ocasiones se ve únicamente en pequeños televisores.

Está en su derecho que haya querido evitar el morbo de esa escena; lo que llama la atención, no obstante, es que en función del respeto y de la legítima admiración hacia los héroes de ese día, su película se someta a instancias insosteniblemente lacrimógenas y simplonas, las mismas a las que recurren tantos films adocenados como la reciente «Brigada 49» con John Travolta, también sobre un comando de bomberos.

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