8 de agosto 2001 - 00:00

TV: la mujer ya no oculta sus deseos

Protgonistas de la serie.
Protgonistas de la serie.
La serie de TV «Sex and the city» acaba de obtener diez nominaciones para los premios Emmy en el rubro comedia: mejor dirección, elenco, vestuario, dirección de arte, peinados, maquillaje, protagonista (Sarah Jessica Parker, también la productora del ciclo, ya lo ganó con anterioridad), actriz de reparto ( Kim Catrall, a quien se considera la Mae West del siglo XXI o la Joan Collins de 2000), serie de TV y libro para un ciclo de comedias.

«Sex and the city» se ha convertido en una serie de culto que llegó, hace un año, a ser tapa de la revista «Time» con el titulo «¿Quién necesita un marido?» y la revista «People» le dedicó el suplemento especial, en junio de este año, «All about 'Sex and the city'».

Ante cualquier capítulo de la serie, «Monólogos de la vagina» y «Confesiones de mujeres de treinta» resultan anticuadas. Sus adictos sostienen que es una especie de informe Kinsey del nuevo siglo, que muestra por primera vez en la TV una conversación real de mujeres, donde las malas palabras son de uso corriente y cuenta qué les sucede a muchísimas solteras de más treinta, esas que, según «The NewYork Times», son en EE.UU. más de 43 millones.

Pero no todas son rosas para la comedia. Hay quienes la consideran obscena; otros, que cada capítulo termina con alguna decepción porque se trata de un «club de resentidas». Alguna liga de moral se ha sentido afectada por «esas cuatro mujeres que se la pasan hablando por TV de orgasmos, de cuánto practican el sexo tradicional y las variantes menos tradicionales» y creen que es «un ejercicio de trazo grueso para el gusto de un público que necesita cada vez de provocaciones más fuertes».

En su comienzo «Sex and the city» fue una serie de notas en el diario «New York Observer» escritos por la columnista Candence Bushnell, quien suele decir que fue «una novela por entregas». Cuando apareció en 1996 como el libro «Sexo en Nueva York», de inmediato fue bestseller (en español lo sacó Plaza & Janés).

«Nueva York es una ciudad adonde acude la gente para hacer realidad sus fantasías», considera Bushnell, quien en sus notas buscó retratar el universo fashion, los odios y las envidias, la lucha por el lujo y la independencia desencantada de las mujeres en la Big Apple que ya no sueñan con príncipes azules. «Hoy una mujer no casada se define más por su carrera y sus amigos que por la búsqueda del hombre ideal.» «Sexo en Nueva York» inspiró la serie de TV, que comenzó adaptando el amigo de la autora Darren Star, productor de los exitosos programas «Beverly Hills», «90210» y «Melrose Place».

Cuando
Candence Bushnell vio su libro en la televisión enfureció: «Me siento impresionada de la cantidad de sexo que ponen en el show. Se agarraron del título para armar toda la historia alrededor de eso, pero mi libro no es «sólo» eso. Intenta mostrar el comportamiento social de la generación posmoderna, en el cual el sexo es muy importante, luego del terror que impuso el sida. Lo que se ven en TV está escrito por un equipo formado por gays y mujeres sin glamour. Las mujeres no somos como ellos las muestran». Pero, al comprobar el éxito que la serie iba teniendo, se tranquilizó y hasta festejó la popularidad del programa que le dio fama.

En la serie de TV la protagonista es
Carrie (Sarah Jessica Parker) una periodista «antropóloga del sexo» del diario «New York Star». Su columna se llama «Sex and the city» y para escribirla se inspira en las aventuras y desventuras amorososexuales que viven ella y sus tres mejores amigas: Samantha (Kim Catrall), ejecutiva de Relaciones Públicas, ninfómana y promiscua sin limitaciones (suele aparecer desnuda, dedicada a impresionantes «juegos» o haciéndose amiga de prostitutas y travestis; entre sus incontables relaciones tuvo a una pintora, que encarnó Sonia Braga); Charlotte (Kristin Davis), directora de una galerría de arte, las más tradicional en sus deseos, la que tras desesperar por una boda de cuento de hadas, descubre que el príncipe tiene una disfunción sexual; y Miranda (Cynthia Nixon), abogada en un prestigioso estudio, muy segura en su profesión pero no tanto en sus sentimientos, quien suele posar de andrógina y ser acosada por un amante más joven e inferior socialmente. Esas cuatro mujeres hablan de sus historias con los hombres como era habitual que los hicieran hasta no hace mucho en cine y TV sólo los hombres.

Así como Samantha puede sorprender diciendo
«si tuviera como amante un tipo casado no tendría problemas con mi cortina rota» o insinuarse a un candidato susurrándole «satisfacción garantizada», Charlotte puede caer en la remanida salmodia: «No encuentro ningún hombre: los que no son gays, son impotentes... y el resto, ni se fija en mí». Esa mezcla de hamburguesa con caviar logra ser atractiva tanto para espectadores selectivos como populares.

El éxito de
«Sex and the city» está cimentado en guiones que cuentan historias verosímiles, desinhibidas, libertinas, de mujeres que hablan incesantemente de sexo, lo practican, lo disfrutan y, también, sufren por su causa. Así como hay quienes graban y atesoran los programas (que ya vende Amazon on line), también crecen los coleccionistas de los más sorpresivos o memorables diálogos, como antes se hacía con los de los films de los hermanos Marx o Woody Allen.

La agudeza de los libretos ha hecho que varios de los guionistas (los episodios son escritos y dirigidos por distintos equipos) se beneficiaran con fuertes propuestas para idear otros programas. Por caso,
Terri Minsky y Cindy Chupak, autoras de algunos capítulos, fueron prontamente contratadas. Minsk escribe para «The Geena Davis Show» la vida de una mujer profesional que se muda a los suburbios locamente enamorada de un hombre más joven que ella.

Chupak, que suele acosar a Benicio Del Toro, escribe «Madigan Man», contraparte masculina de la historia de las cuatro mujeres de Nueva York, protagonizada por Gabriel Byrne.

Así como hay
«cazadores de citas citables», las mujeres de la serie han pasado a ser íconos de la moda. Cada episodio es esperado no sólo para conocer las nuevas aventuras de Carrie y sus amigas sino también para saber con qué ropa aparecen. Saben que Carrie es ecléctica, que tanto puede usar Dolce & Gabanna, hacer un drama si se le rompieron sus zapatos Manolo Blanhnik de 500 dólares, como andar con un top de 2 dólares y un tutú de 5; que la cuarentona hiperliberada Samantha gusta de la ropa sexy de Valentino o disfraza sus apetencias tras un look tipo «Dinastía»; que la «sweet» Charlotte busca el toque hiperfemenino de Armani, y que Miranda mezcla Gucci, Luis Vuitton, Prada con overall, campera, gorra y tenis blancas.

«Sex and the city» en las primeras temporadas sólo se vio en la Argentina por quienes tenían el codificado HBO Olé; desde hace un tiempo está en «América TV» (sábados a las 23) doblada al español, y en el canal de cable The Film Zone, martes y sábados a las 22, y viernes a las 24, subtitulada y sin cortes comerciales. Para satisfacer a nuevos fans The Film Zone ha comenzado a repetir la serie desde su primer capítulo.

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