26 de mayo 2003 - 00:00

Un viaje a la muerte que llega a angustiar

Un viaje a la muerte que llega a angustiar
«La recaída» dramaturgia y Dir.: J. Cardoso. Int.: C. Hopkins, J. Cardoso, L. Machín. Esc.: A. Vaccaro. Mús.: N. Varchausky. Ilum.: E. Sirlin. (Espacio Callejón.)

Un accidente de ruta narrado por el chofer de un micro de larga distancia es el punto de partida de un sobrecogedor viaje hacia la muerte, donde la perplejidad ante la pérdida de un mundo conocido habilita múltiples fantasías. El colectivo vuelca y ese giro hace que la realidad misma quede patas arriba. Todo está fuera de lugar, incluso el tiempo. En vez de detenerse éste se desdobla en otro tipo de existencia que permite que una niña cumpla su sueño de bailar después de muerta.

Con su mezcla de desencanto, piedad y fría descripción de los hechos, la voz en off del narrador (el talentoso Luis Machín) resulta particularmente inquietante. Su relato se contrapone a la cálida presencia de la niña muerta, un personaje al que Cecilia Hopkins dota de una rica e inocente sensualidad. El contraste entre sus juegos y las fantasías del chofer se vuelve perturbador y más aún con las intervenciones del médico forense (interpretado por el director Julio Cardoso) quien se ocupa de revisar el cadáver de la niña en el cuerpo de la actriz.

La puesta de Cardoso instala un clima onírico de intensa dramaticidad, con imágenes que remiten a un paisaje nocturno y espectral en el que las nociones de lugar y tiempo, vida y muerte han salido de su cauce.

Las tribulaciones de esta niña perdida en la oscuridad como una pequeña Eurídice tienen sin duda un costado muy angustiante, por eso requieren de cierta disponibilidad para conectarse con la muerte y no precisamente desde un lugar intelectual. «La recaída» introduce un mundo poético que golpea directamente en el inconsciente del espectador.

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