(08/03/2001) La Dirección General de Museos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con la coordinación de Arcimboldo Galería de Arte, presentan en el Centro Cultural Borges la muestra documento «Autorretrato», en adhesión al Día Internacional de la Mujer.
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Curadoras, críticas de arte y periodistas especializadas seleccionaron y escribieron los textos correspondientes para el catálogo de 131 artistas de tres generaciones en cuyos extremos se encuentran Annemarie Heinrich con sus lúcidos 89 años y Azul Ceballos de 21.
Es también un homenaje a artistas fallecidas que marcaron rumbos en la plástica nacional, por ejemplo, Raquel Forner, Aída Carballo, Yente, Martha Peluffo, Alicia Penalba, Noemí Gerstein, Grete Stern, Liliana Maresca, Silvia Young, entre tantas otras.
Dibujo, pintura, grabado, escultura, arte textil, video, arte digital, fotografía expresan la intensa actividad que despliegan nuestras artistas mujeres. Por tercera vez se reúne un tan abarcativo número de expositoras, recordamos «El espíritu de la colmena» (1996), «Mujeres» (1998), ambas en el Centro Cultural Recoleta, y aunque haya ausencias, un hecho ineludible en muestras de este tipo y dado el espacio acordado, debe destacarse en general el muy buen nivel de las presentaciones.
La explosión femenina en el campo del arte data de hace aproximadamente veinte años. La mujer mantiene su presencia a través de todos los ismos, sufijo que ha perdido significado y que actualmente, por una cuestión historicista, debe considerárselo como una convención. Al mismo tiempo que se siente heredera de todas las etapas anteriores de la historia del arte, se apropia de ellas con sentido de contemporaneidad. Encara nuevas maneras de contemplar e intervenir en el hecho artístico, rechaza rutinas y convencionalismos, y se lanza a experimentar todo tipo de lenguajes. Toma conciencia de lo contradictorio en su deseo constante por aunar lo real con lo irreal, en su voluntad de responder al desafío de las nuevas ideas y también de intentar una modificación a la hibridización de nuestro tiempo.
En cuanto al género autorretrato que en el siglo XIX fue llevado por algunos críticos al final de la lista y que desde entonces sufrió el desafío de la fotografía y, entre otros, los embates del Cubismo, la abstracción modernista hasta ser barrido por el arte conceptual, resurge en los '90. Aparecen retratos de familia o personales, interviniendo el plano pictórico con elementos fotográficos como pretexto de una búsqueda de las raíces o como ejercicio de la memoria.
Se pone el énfasis en lo físico y su fragilidad, en la sexualidad, el multiculturalismo, la obsesión por los medios de comunicación. También existe en las instalaciones, generalmente de carácter doloroso y de compromiso político.
No creemos que esté pasado de moda, el asunto es reinventarlo, redefinirlo. Muchas artistas han encontrado una vuelta de tuerca a un tópico hoy tan complejo en el que ni siquiera aparece un rostro o un cuerpo, a veces basta una frase, y en otras se enfatiza el hecho de que no existe una sola identidad.
Salvo raras excepciones, lo decorativo está ausente, también lo procaz, que parece ser lo distintivo de algunas muestras internacionales recientes tan alabadas y publicitadas. Las propuestas no están encasilladas en lo «femenino», sino que generan reconocimiento por la libertad de expresión, por la ironía para retratarse, cierta audacia, la máscara escondedora, la autoafirmación de su yo -mujer-artista.
Desde el 14 hasta el 23 de marzo, en el horario de 10 a 13, se han programado mesas redondas con importantes panelistas: «Arte, poder político y género», «Las ventajas de ser una mujer artista», «La mujer artista y los espacios institucionales», «Mujeres artistas y sectores sociales. Las excluidas del campo artístico», «La construcción de lo corpóreo femenino en el arte», «Paradigmas femeninos y medios».
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