10 de junio 2005 - 00:00

Valiosas muestras de Sturgeon y Kihlen

Con grandes pinceladas que cubren la superficie y coloresque no estaban en su paleta, hoy Richard Sturgeon se haliberado de la referencia física o el dibujo que «describe» larealidad.
Con grandes pinceladas que cubren la superficie y colores que no estaban en su paleta, hoy Richard Sturgeon se ha liberado de la referencia física o el dibujo que «describe» la realidad.
Basta con leer las confesiones de Richard Sturgeon (Buenos Aires, 1952) en el catálogo de su actual exposición en Wussman (Venezuela 570) para evitar todo tipo de análisis que pudiera parecer superfluo. Basta con mirar detenidamente sus pinturas para darse cuenta de que Sturgeon también ha sacado lo que consideraba superfluo, es decir, toda referencia física o dibujo.

Grandes pinceladas cubren la superficie, en absoluto caóticas, incorpora colores que no estaban en su paleta y a los que logra modular, como lo expresara Emil Nolde: «Colores; los colores en su vida propia, con llanto y con risa, con sueño y felicidad». Sturgeon es un estudioso de Cézanne, admira a los alemanes de los '70 y '80, a Baselitz. Se autocalifica como uno de los últimos románticos, por aquello del trazo y del gesto.

El contemplador tampoco necesita del dibujo o la referencia aunque el artista titule «Venecia», «Mediterráneo», « Talibanes» o «Vasos Vacíos» a algunos de sus cuadros. El que quiera encontrar referencias podrá gozar de esa libertad, la misma libertad con la que Sturgeon parece deleitarse con espesores, grafismos con el pincel cargado, las reminiscencias orientales que siempre encontramos en su imagen tan vital. El contemplador puede demorarse ante las obras de este artista que no describe las vulgaridades de la vida diaria ni lo invadirá con ellas.

Su obra intenta desentrañar el acto de pintar, trabaja sobre el interior de la persona para llevarla a niveles superiores Hasta mediados de junio.

• Ides Kihlen

Cómo no pensar en Paul Klee cuando se analiza la obra de Ides Kihlen. Pero no porque esta artista imite su imagen sino que revela estar consustanciada con su pensamiento: «La liberación de los elementos, su agrupamiento en subdivisiones conexas, la desarticulación y reconstrucción del todo, la polifonía plástica, el restablecimiento del reposo mediante el equilibrio del movimiento...».

Esta artista nacida en Santa Fe en 1917, discípula de Alice, Collivadino, López Naguil, André Lothe en París, Adolfo de Ferrari, concurrió a los talleres de Battle Planas, Quinquela Martín, Pettoruti y más recientemente al de Adolfo Nigro. Epocas de estudio, pintora secreta , sólo mostraba a su familia y amigos pero que felizmente «nace» en 2000 a la vida pública a los 83 años. Desde entonces ha exhibido en galerías nacionales y extranjeras y en el Museo de Arte Decorativo.

Su soporte es el cartón en el que despliega recortes de papel pintado, pegado, hilos o líneas que lo atraviesan , papeles rayados en blanco y negro, de colores, el número 5. Muchas veces estos elementos parecen volar , se desplazan levemente mecidos por el viento suave, los pasajes gestuales se combinan con la cuidadosa y racional inclusión del collage. No puede evitarse la asociación musical;
Kihlen es eximia pianista y compositora, sus formas parten de un sonido interior así como la vibración de los colores con predominio de rojos. Según las tonalidades clasificadas por Kandinsky lo compara con tubas y redobles de tambor, o la vehemencia apasionada de los sonidos medios y graves del violoncelo.

Este mundo cósmico propuesto por
Kihlen logra la delectación estética, un concepto significativo al inicio del siglo XX, hoy discutido y vapuleado, pero en medio de tantos premios que abusivamente entronizan a la basura, literalmente, gracias a Kihlen el espectador tiene un poco de paz espiritual. Galería Rubbers (Av. Alvear 1595). Clausura el 25 de junio.

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