Actuación de Alicia Vignola (voz). Con Eduardo Praino (guitarra). (Bar Tuñón; todos los sábados en trasnoche).
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Alicia Vignola tiene poco más de 30 años y una historia musical con el canto que la relaciona al blues, al rock, al tango y a la publicidad. Ha recorrido y recorre escenarios diversos, desde los ámbitos para turistas hasta los sótanos para tangueros porteños. Y forma parte de una amplia legión de intérpretes que han vuelto a poner a la música de Buenos Aires en el tapete.
En lo formal, en lo técnico, en lo expresivo, el trabajo de Vignola no admite cuestionamientos. Tiene un timbre de voz, especialmente rico en los graves, perfectamente apto para el tango y sus alrededores, y la suficiente soltura sobre el escenario como para imponer su presencia y adueñarse de la situación.
Cuenta con un excelente compañero guitarristaacompañante que la sigue y con el que se complementa a la perfección. Y encara -puesta a armar su propio concierto-un repertorio incuestionable que mezcla clásicos tangueros como «Melodía de arrabal», «Afiche», «Caserón de tejas», «Garúa», «El corazón al sur», « Siempre se vuelve a Buenos Aires», «Fuimos», « Pasional», «Chiquilín de Bachín» con valses peruanos como «Amarraditos», y boleros como «Cuenta conmigo», «Contigo en la distancia».
Quizá sea justamente en este último punto donde podría hacérsele un reproche. Le sobra talento como para asumir el riesgo de buscar nuevos repertorios, abrir el juego a los muchos compositores y letristas que permanecen escondidos en las calles de la ciudad; pero, en cambio, prefiere apoyarse en la seguridad de lo conocido, de lo que «el público quiere escuchar», de las canciones que todos tenemos en la memoria. R.S.
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