17 de septiembre 2001 - 00:00
Virginia Innocenti: "Cantar me acerca a mi idea de Dios"
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Virginia Innocenti.
P.: Qué aparece primero en usted: ¿la idea de cantar o la escritura de canciones y textos?
V.I.: Son cosas que se dieron paralelamente. Desde chiquita estudié guitarra. Era bastante inquieta y mi mamá me llevaba a estudiar guitarra porque me gustaba la música, baile, porque me también me gustaba. Y actuaba. Y escribía poemas, tengo alguno que data de mis nueve años.
Debut
P.: ¿Y cómo empezó profesionalmente?
V.I.: Para la película «Cipayos» ofrecí hacer la letra de uno de los temas principales, y gustó, y quedó. Sobre todo seguí escribiendo poesía. Un día, hablando con mi profesora de canto, con muchos deseos de ya empezar a cantar armando un repertorio con temas de otros, muy tímidamente me animo a cantarle una canción, de esas viejas que había compuesto, y me dice: «Es muy interesante eso, ¿por qué canciones de otros?». Empecé a pensar porque había elegido los temas que había elegido para ese repertorio, me di cuenta que había algunas cosas que me ocupaban el alma y necesitaba exorcizar. Encontré algunos poemas que hablaban de esos temas. La forma en que llegué a mi propio repertorio es bastante variada. En casos, le puse letra a una melodía ya construida. La última etapa fue al revés, ya escribía canciones a las que le ponían melodías.
P.: ¿Así armó su espectáculo?
V.I.: Le llevé a Diego Vila, director musical del espectáculo, todo lo que tenía. Hicimos una selección de canciones, porque eran las que más nos gustaban, por su interés, por su calidad musical, literaria, porque construían un mundo. Así también, fuimos viendo cómo entraban las canciones de otros...
P.: ¿Cómo surgió que cantara un tema en italiano?
V.I.: Tenía necesidad de cantarlo. Había tres que parecían postularse. «Santa Lucia» es de una belleza, dice tan bien cosas que a mí me gusta decir, cerraba tan perfecta... No es el clásico «Santa Lucia» sino una especie de plegaria progresista, diría yo, de Francesco de Gregori, está en un casete que traje a los catorce años de un viaje a Italia, a Bologna, que hice con mis padres. La tengo conmigo desde hace veinte años y siempre volvía mí.
P.: Además es uno de los grandes momentos de su espectáculo...
V.I.: Creo que sí. El hecho de cantar en italiano me conecta con algo indescifrable, algo que no podría explicar. Creo que es un momento casi religioso, con lo que yo considero mi propia religiosidad. Cantar me acerca a mi idea de Dios, que tiene que ver con lo creado, con estar despierto, con tener el alma y el cuerpo disponible, con poder ser medio de algo. Pasa en poco que uno se puede sentir realmente instrumento, que hay una energía que pasa a través de uno, sale de uno y llega a los demás.
Multiplicidad
P.: En el espectáculo usted canta, actúa, dice y hasta juega con el público, ¿en qué de todo eso se siente mejor?
V.I.: Me siento cómoda en esa multiplicidad. En mi vida me pasa a diario que puedo ser terriblemente austera o profunda y pasar a ser una nena, puedo ser contenedora o infinitamente frágil. Soy todo eso, no soy más una cosa que otra. Nunca me sentí más plena. La puesta surgió de descubrir que había canciones que eran más teatrales que otras. Me parece interesante si salgo a pisar los modelos típicos de lo que son los shows de canciones. En algún momento recordé que cuando uno es chico y va a casa de un amiguito, y éste saca todos sus chiches... Bueno, así quise mostrar mis chiches, decir: yo juego con esto, con esto me expreso, a través de ellos muestro mi manera de ser y quiero compartirla, sé que a algunos les gustará jugar conmigo.
P.: ¿Después de «(M) aquí» qué?
V.I.: Me encantaría que a la gente le guste. Estoy recibiendo devoluciones muy lindas, que me incentivan a seguir creciendo. Porque, en definitiva, tomo esto como la muestra de un primer paso de un aprendizaje. En la vida no se termina de aprender, y cuanta más confianza y más pruebe lo que hago con los demás, mi voz, que se expresa en lo que canto y en lo que firmo, va a poder adquirir más riesgo. Mi idea es seguir profundizando, casi con un objetivo zen: ponerme detrás de mi obra, si me es posible, dado que tengo aceitado poner el cuerpo como actriz.
P.: En ese sentido, ¿le ayudó haber hecho antes «Confesiones de mujeres de 30»?
V.I.: Sí, claro. Tengo una seguridad ahora con el público, puedo mirarlo a los ojos y pilotear con bastante cintura la respuesta. Para mí «Confesiones» era un espectáculo de café concert, y quizá hay un poco de eso en esto que estoy presentando. Aunque, en realidad, se abre en pocos momentos hacia el público.
P.: ¿A qué la impulsa el espectáculo y qué recibe del público?
V.I.: Ojalá que pueda grabar un disco. No lo hice antes porque no soy necia y he escuchado mucho a la gente que sabe que me dijo: es mejor esperar para grabar, porque después que queda plasmado, uno lo escucha por radio y se quiere matar. Siento que ahora estoy más madura como para afrontar una grabación. Me gustaría que mi profesión, mi trabajo, me permita seguir escribiendo, haciendo este espectáculo, armar otro repertorio, mostrar el resto de cosas que tengo guardadas, y cada tanto seguir haciendo una buena película...




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