Un recital de Bruno Gelber, en cualquier lugar del mundo en que se presente, es una garantía de excelencia artística y maestría interpretativa. Pero éste, en particular, tenía consigo una dramática expectativa, otro desafío de la vida para superar: el accidente automovilístico que sufrió este verano en Mar del Plata, que lesionó gravemente su mano derecha y por lo que debió someterse a varias cirugías, cancelar conciertos en Europa y pasar unos meses con el tremendo interrogante de no saber el resultado final.
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Inocultable fue la emoción y respeto con que fue recibido Gelber en su lenta subida al escenario, denso el suspenso hasta que puso sus manos en el teclado, y ahí se vio una vez más lo que es el deseo de superarse de este artista.
Con elegancia aristocrática y dedos ágiles para las Sonatas de Mozart, gravedad y sonido robusto para las de Beethoven, quedará para siempre en el recuerdo la magistral interpretación de la Sonata en Do Mayor Op. 53 «Waldstein», también conocida como «Aurora», tal vez por ese esperanzador amanecer que se presiente en el paso del Molto adagio al Rondó, que expresada por Gelber es una exaltación sonora y tímbrica que alterna con episodios intermedios de rico y brillante virtuosismo.
Con su inteligencia musical encomilló el germen temático que Beethoven también utiliza en la «Pastoral» y con toda la energía puesta en superar molestias y dolores físicos, convirtió la ejecución en un canto de fe y esperanza.
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