Investigadores de la Universidad de Trento, Italia, descubrieron una cueva volcánica bajo la superficie de Venus. Gracias a los datos recopilados entre 1990 y 1992 por la sonda Magallanes de la NASA se reveló, por primera vez, la existencia de un tubo de lava vacío bajo su superficie. El estudio fue financiado por la Agencia Espacial Italiana (ASI) y se publicó este lunes 9 de febrero en la revista Nature Communications.
Descubren una cueva de lava bajo la superficie de Venus
Especialistas identificaron el túnel con extensión de más de 300 metros de profundidad. Se trata del más grande del Sistema Solar.
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Los resultados describieron un tubo de lava con un diámetro cercano a un kilómetro, un espesor de techo de al menos 150 metros y un vacío interno de no menos de 375 metros de profundidad.
Dado que, este tipo de formaciones ya aparecía documentado en la Tierra, Marte y la Luna, pero en Venus solo existía como hipótesis. Lorenzo Bruzzone, coordinador de la investigación, expresó que, “Nuestro conocimiento de Venus es aún limitado, y hasta ahora nunca hemos tenido la oportunidad de observar directamente los procesos que ocurren bajo la superficie del planeta gemelo de la Tierra. Por lo tanto, la identificación de una cavidad volcánica es de particular importancia, ya que nos permite validar teorías que durante muchos años solo han planteado hipótesis sobre su existencia”.
El hallazgo también aporta datos concretos sobre su tamaño, profundidad y posible extensión. Esa información refuerza la idea de que el planeta atravesó una actividad volcánica mucho más compleja y persistente de lo que realmente se pensaba.
Cómo se puede detectar cuevas volcánicas fuera de la Tierra
Las cuevas volcánicas se forman bajo tierra y suelen permanecer invisibles durante millones de años. Cuando su techo colapsa aparece un pozo o una depresión en la superficie, una pista indirecta que se esconde debajo. En planetas con atmósferas delgadas se requiere imágenes de alta resolución y análisis minuciosos para detectarlos.
En Venus es aún más difícil ya que está cubierto por espesas nubes de ácido sulfúrico que bloquean la visión directa de la superficie. Ninguna cámara óptica puede atravesar ese velo permanente, por lo que los científicos solo dependen del radar para estudiar su geología.
Entre 1990 y 1992, la nave espacial Magellan, de la NASA cartografió la superficie venusina mediante un radar de apertura sintética. Debido a esto, los expertos regresaron a ese archivo histórico con herramientas capaces detectar patrones sutiles asociados con estructuras subterráneas.
Los resultados describieron un tubo de lava con un diámetro cercano a un kilómetro, un espesor de techo de al menos 150 metros y un vacío interno de no menos de 375 metros de profundidad. “Este descubrimiento contribuye a una comprensión más profunda de los procesos que han dado forma a la evolución de Venus y abre nuevas perspectivas para el estudio del planeta”, ratificó Bruzzone.
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