17 de mayo 2006 - 00:00

Falleció ayer Jorge Porcel

El actor Jorge Porcel falleció ayer en la ciudad de Miami, donde residía desde hace varios años. Sus restos llegarían hoy a Buenos Aires para ser velados en la Asociación de Actores y ser inhumados, posteriormente, en el panteón de esa entidad en el cementerio de La Chacarita.

Porcel se había apartado del espectáculo hace ya varios años, se volcó primero a otros negocios, y luego a la religión, al punto de convertirse en predicador de una Iglesia evangelista. Quizá Porcel trató de purgar así los varios pecados que le achacaban, sobre todo el de egoísmo. Pero no el de picardía, que en él era una virtud, con la que regocijó y dio consuelo a millones de hispanohablantes, que veían sus películas y sus programas televisivos con verdadero deleite. Todavía son regocijantes sus comedias con Alberto Olmedo, generalmente malas pero graciosas, y sus diálogos con Juan Carlos Altavista o con Jorge Luz, y sus buenas interpretaciones musicales. Acaso de no haber sido tan gordo y gracioso hubiera sido un buen cantante de boleros (¿y qué fue su vida, sino el bolero del hombre que brilló en los escenarios, salió del brazo con las mujeres más deseadas, y terminó sus días amargado y decaído en una silla de ruedas?).

Jorge Porcel (Buenos Aires, 7.9.1936) empezó a hacerse notar imitando a Carlitos Balá en el programa radial «La revista dislocada», uno de los programas cómicos más populares de comienzos de los años 50 y 60.

  • Películas

  • Durante años tuvo apariciones cinematográficas en comedias de extensos elencos, como «Disloque en el presidio», «Coche cama alojamiento» y similares. Pero en televisión ya encabezaba ciclos propios, con libreto de los hermanos Sofovich, que en 1967 lo integraron a «Operación Ja Ja».

    A ese programa le seguirían «El botón» (donde aparece Don Mateo, y Olmedo inventa el mago ucraniano), «Fresco y Batata», en dupla con Olmedo, y la mejor época de «Polémica en el bar», la de los 70. Dignos de compilarse en un libro, si alguien tuviera memoria, los diálogos del Gordo y Minguito, el resto es historia más o menos reciente, que incluye la decadencia de esas producciones, la inesperada muerte de Olmedo, la disgregación de equipos y la instalación de Porcel en Miami, donde puso un restorán, «A la pasta con Porcel». Y al final las otras experiencias, las de la enfermedad, el cansancio y la religión. Las había dejado para la vejez, y las vivió a pleno, ya sin picardía.

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