2 de noviembre 2005 - 00:00

¿Ir seguido a la iglesia permite ganar más dinero?

Nueva York - Dios y el dinero se llevan de maravilla, o al menos eso es lo que se deduce de un reciente estudio con el sello del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Ser religioso, asistir con frecuencia a misa y rodearse de otras personas que comparten las mismas creencias son tres factores que contribuyen a la riqueza personal, según el economista Jonathan Gruber.

El investigador del MIT sostiene incluso que algo tan simple como duplicar la asistencia a ceremonias religiosas se traduce en un aumento de 9,1% en los ingresos de las familias, un alza de 5,5% en la escala de la pobreza y un incremento de 4,4% en las posibilidades de contraer matrimonio.

De acuerdo con Gruber, todos los indicadores sociales -incluidos el fracaso escolar, la graduación universitaria o el bienestar general-mejoran cuando el factor religioso entra en juego. Su estudio, realizado a petición del Departamento Nacional de Investigación Económica (NBER), se ciñe a los Estados Unidos, a religiones judeocristianas y a poblaciones de etnia blanca y de origen mayoritariamente europeo.

Su método ha consistido en extraer los resultados sobre asistencia religiosa en la Encuesta Social General y cruzarlos luego con los datos sobre ingresos económicos del Censo de 1990. La investigación ha dado pie a un extenso estudio con un título insinuante: «Estructura de los mercados religiosos, participación religiosa y resultados: ¿Es buena la religión para vos?».

Gruber prefiere no pronunciarse personalmente y dejar que los resultados de su investigación hablen por sí mismos. «Hay muchos estudios sobre la correlación entre la participación religiosa y los ingresos económicos», declara el investigador, «pero éste es el primero que intenta demostrar que el primer factor causa el segundo». Conclusión: la religión es buena para el bolsillo, y estar rodeado de correligionarios aumenta las posibilidades de prosperidad social y económica, al menos en los Estados Unidos, donde 85% de la población reconoce que Dios juega un papel importante en su vida.

• También católicos

Gruber afirma que «una alta densidad religiosa conduce a un aumento en los niveles de participación religiosa, así como a una mejora de varios indicadores económicos: mayores niveles de educación y de ingresos, menores niveles de asistencia social, porcentajes más altos de matrimonios y menores tasas de divorcio». Los hallazgos de Gruber van más allá de la ética protestante de Max Weber y valen también para los católicos, aunque sean de distinta procedencia.

«Pongamos por caso a dos italianos, uno viviendo cerca de un barrio polaco y otro en la cercanía de una población sueca», explica Gruber. «No hay razones en principio para pensar que haya una gran diferenciaentre los dos italianos, excepto una muy importante: es muy probable que los polacos de su entorno sean católicos, mientras que los suecos no». Llegados a este punto, el investigador se formula la pregunta: «¿Tiene mejores ingresos la gente que vive cerca de grupos étnicos complementarios que comparten la misma religión? La respuesta es sí».

Seguimos indagando y le preguntamos a Gruber cuál es el auténtico factor de fondo, si la fe en Dios o la cohesión social que proporciona el estar rodeado de personas con tus mismas creencias. «Ojalá pudiera responder con precisión, pero no puedo distinguir entre las dos hipótesis», replica Gruber.

El economista admite que es muy difícil separar el efecto de la religión y otros factores que pueden incidir en mayores o menores ingresos económicos. «Tal vez aquellos que tienen fe podrían afrontar los problemas diarios en el mercado laboral y en las relaciones personales con más posibilidades de éxito», insiste. «O tal vez influye el hecho de que la Iglesia es un buen lugar para conseguir contactos que luego te ayudarán a encontrar un mejor trabajo.»

El estudio del economista del MIT se centró en la población blanca de más de 25 años. Los hispanos y los negros fueron excluidos porque, según Gruber, «hay una prueba muy fuerte de segregación racial en la asistencia a misa, por lo que la densidad de no blancos en una religión de un área determinada no sería relevante para la participación religiosa de los blancos en esa misma zona».

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