Hilda Morejón, madre de la médica opositora cubana Hilda Molina, pidió al Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que interceda ante el gobierno de Cuba para que les permita viajar a la Argentina y reunirse con su familia, lo cual se les niega desde hace más de una década. «Acudo a ustedes con esta petición, que es mi última voluntad: por favor, soliciten al gobierno cubano que mi hija y yo podamos viajar juntas lo antes posible a la Argentina», señaló Morejón, de 88 años, en una carta divulgada ayer en La Habana, que entregará a los obispos del CELAM que se reunirán en la isla a partir del próximo jueves. «Por favor, no me abandonen. Les suplico que me ayuden a morir en paz; no permitan que muera desesperada», pues «no quiero morir sin ver a mi nieto y a mi nieta, y sin conocer a mis bisnietos», escribió Morejón en la misiva, en la que explicó a los prelados su situación familiar.
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La hija de Morejón, Molina, es una reconocida neurocirujana, fundadora y ex directora del Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN), institución insignia de la medicina cubana, que renunció a su cargo en 1994 tras plantear cuestionamientos éticos sobre el manejo del tejido fetal humano.
El gobierno cubano le niega desde hace más de 10 años el permiso para visitar a su hijo, el médico Roberto Quiñones, que reside en Buenos Aires junto a su esposa argentina y dos hijos, a quienes ellas no conocen.
Gravemente enferma
«Si los que nos torturan se aferran al despiadado absurdo de retener aquí a mi hija (Molina), que al menos permitan que yo viaje de inmediato a la Argentina», añadió la anciana, quien dice en la misiva que «está gravemente enferma y postrada en un sillón de ruedas».
«Al prohibirme viajar a la Argentina, el gobierno cubano se burla de mi última voluntad, viola impúdicamente mis más elementales derechos, aun sabiendo que estoy próxima a mi fin», concluyó. La explicación oficial a la negativa para su viaje temporal a la Argentina, explicó la propia Molina alguna vez a la prensa, la recibió en 1997 y 2000 cuando Migración le argumentó que no podía salir de Cuba porque su cerebro era «patrimonio del país». Pese a discretas gestiones del gobierno de Néstor Kirchner, La Habana ha mantenido su rechazo a la salida de las mujeres.
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