Ola de huelgas y más caos en la Capital

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Más de un millón de porteños que usan el subte demoraron durante horas su llegada a los lugares de trabajo o su regreso a casa por el salvaje paro de los activistas de los subterráneos. El colapso de tránsito, que ya es habitual en Capital Federal, transformó la jornada en un calvario. Aprovechándose del clima electoral, los sindicalistas de otras ramas amenazan con convertir el año de elecciones en un maratón de quién pide más.

Largas filas de usuarios esperando desesperadamente que llegue un colectivo que los lleve a destino; otros que buscaban de forma impaciente algún taxi vacío que al menos los acerque al lugar adonde se dirigían. Mal humor y una inusitada afluencia de automóviles circulando -a paso de hombre en el mejor de los casos- por la Ciudad. Esa fue apenas una pintura del caos generalizado que se vivió ayer debido al paro total de subterráneos y el Premetro. Obviamente, la historia casi fue un calco de lo que ocurrió a la hora del regreso.

Desde las primeras horas, llegar al centro porteño ayer fue una odisea -mucho más de lo que cuesta hacerlo en forma cotidiana- producto de las calles y avenidas completamente colapsadas. Tanto es así que los colectivos, en hora pico, iban aun más lentos que los propios peatones.

El desmadre no sólo fue para los que necesitaban un transporte, porque aquellos que podían llegar a sus trabajos caminando debieron sortear una verdadera marea humana que había tomado idéntica decisión. Se produjo -además- un aglomeramiento inusual y hubo que abrirse paso a los empujones y codazos para ganar metrosen el microcentro, por ejemplo. El problema mayor se suscitó en las terminales de subterráneos, ante las bocas de subte cerradas y la presencia de una persona que, del otro lado de la reja, informaba que se debía recurrir a otro servicio, luego de los infaltables insultos, acumulación de bronca y malestar de los usuarios que debieron buscar otras alternativas.

Si tomamos como base la terminal de Caballito de la línea A, donde converge gran cantidad de micros que proviene de casi todos los barrios porteños, toda esa gente debió agruparse en los pocos micros que tienen línea directa a la zona céntrica o volcarse a la estación de trenes, que ya de por sí llegan repletos desde las distintas zonas del oeste.

Claro que poco le importaba a esa gente que en la madrugada de ayer los gremialistas del sector decidieron llevar adelante la medida de fuerza y que lo hicieron por sorpresa para ejercer presión en sus paritarias y no para perjudicar al público, como explicaban. «Esto no puede ser, se paraliza la Ciudad, llego tarde al trabajo y pierdo el presentismo. ¿Quién me lo paga?», se quejó uno de los frustrados usuarios, con el mismo o parecido argumento que sostenían otros compañeros de ruta. Esta situación se repetía con algo más o menos de gente en todas las cabeceras.

A todo este complejo e inesperado cúmulode problemas habrá que sumarle los accidentes de tránsito de cada día. Que también ayer se hicieron presentes y agravaron aún más la de por sí ya caótica situación. Por ejemplo, en la intersección de Callao y Viamonte, un auto chocó contra un camión y éste terminó subido a la vereda en la puerta de una sucursal bancaria. A raíz de este hecho, el tránsito se vio interrumpido. El incendio de un automóvil en el empalme de la Autopista 25 de Mayo y Perito Moreno sumó más demoras y congestionamiento a la ya saturada vía.

El panorama en Constitución, Once, Retiroy Chacarita era el equivalente a un mar de gente a la espera de un colectivo o taxi. Sin embargo, al momento de subirse a alguno de estos vehículos, la impotencia aumentaba ya que avanzaban a paso de hombre y los choferes trataban de tomar alguna calle que les diera la posibilidad de un tránsito algo más rápido. Si se lo hubiese filmado, parecería una película de ciencia ficción, pero era nada más que una realidad de nuestro tiempo.

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