“Conocí personalmente a Jacques Lacan en una cena, en París”, recuerda a este diario Francisco Hugo Freda. “Por ese entonces yo estaba armando una editorial en Barcelona, y le dije que quería hablar con él. Me citó para el día siguiente, en su consultorio, 5 Rue de Lille. Llegué media hora antes, ansioso. Subí a la sala de espera, un lugar pequeño, de lo más común; me abrió la puerta Gloria, su secretaria española, y me preguntó qué hacía allí. ’El doctor Lacan me dijo que viniera a verlo a esta hora” “¿Hoy?”, se asombró ella. “Es el día de su seminario, y en estos días él no ve a nadie”. Y de golpe, en robe de chambre, apareció Lacan. “Bonjour”, saludó secamente. Yo le agradecí su presencia y empecé a desarrollar mi propuesta, las cosas que quería publicar de él, entre ellas editar en español la revista ‘Ornicar’, pero él me detuvo con una frase que resonaría en mí hasta ahora:. ’Usted es libre de hacer lo que quiera. Au revoir’, dio la vuelta y se marchó.”
La singular cita en París con un revolucionario del psicoanálisis
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Periodista: ¿Y por qué no le dijo eso mismo en la cena en lugar de citarlo al día siguiente?
F.H. F.: Fue, para mí, una una de sus lecciones. La palabra “libertad” era importantísima. No es una palabra muy psicoanalítica que digamos. Me enfrentó con los límites de mi libertad, me convenció de la necesidad de serio en lo que fuera a hacer. Años después hice yo mismo un seminario sobre la libertad: no en un sentido político, sino en cuanto a la libertad del sujeto más allá de sus determinismos.
P.: ¿Fue ese su primer contacto con Lacan?
F.H.F.: No, fue el primero personal y privado. Cuando llegué a París, asistí a su seminario “Encore”. Yo creí que iba a hablar de Freud, del complejo de Edipo, pero me encontré con una persona que hablaba de lógica. Era un gran anfiteatro, él solía pasearse entre los alumnos, curiosear en lo que escribían, en especial las alumnas. A partir del encuentro que relaté antes hubo otros, más frecuentes. Seguí todos sus seminarios, mi agenda se acomodó de acuerdo con esos seminarios. Yo no trabajaba si ese día había seminario.
P.:A Lacan le interesaba el arte.
F.H.F.: Le interesaba sobre todo la escritura, y la fotografía. Pero él miraba todo a partir del psicoanálisis. El analista fue la preocupación esencial durante toda su enseñanza. Él se dirigía a los psicoanalistas, no a los filósofos, no a los artistas. No dudo que tomaba elementos de la filosofía y del arte para su enseñanza, pero siempre con el objetivo de la formación del analista. El generó una ruptura con lo que se venía haciendo hasta entonces, le dio importancia al lenguaje, cambió la forma de escuchar al paciente.


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