22 de enero 2026 - 19:00

Por qué me molesta la gente que camina lento, según la psicología

Sentir irritación cuando las otras personas caminan a un ritmo menor que el tuyo no es simplemente una molestia y podría tener implicaciones más profundas.

¿Qué pasa cuando los demás caminan demasiado lento y nos molesta?

¿Qué pasa cuando los demás caminan demasiado lento y nos molesta?

En la psicología, la forma en la que una persona se vincula y percibe a su entorno es un pilar fundamental de trabajo. Lejos de ser solamente un capricho, fenómenos como sentir enojo y frustración cuando las personas a tu alrededor caminan más lentos efectivamente tiene implicancias más profundas que lo que aparenta.

Según esta disciplina, se relaciona con la forma en la que se percibe el tiempo, los objetivos personales de cada individuo y las normas sociales que se aplican a los espacios públicos, especialmente en momentos en los que suele haber más gente de lo habitual. Se trata de lo que algunos especialistas denominaron como "Furia en la acera".

persona caminando

Qué significa que me moleste que los demás caminen lento

Cuando una persona se molesta porque otros caminan lento, la causa no suele ser una simple cuestión de carácter. Desde la psicología, este fenómeno fue analizado por distintos especialistas que coinciden en que la reacción tiene raíces más profundas. Leon James, profesor de psicología en la Universidad de Hawái, explicó en Men’s Health que esta molestia puede manifestarse desde un enojo interno hasta pensamientos agresivos, como resultado de una frustración acumulada que se activa en situaciones cotidianas.

Según James, al desplazarse por la vía pública no solo se transita un espacio físico, sino también un espacio social regido por normas implícitas sobre cómo moverse. Cuando alguien rompe esas reglas no escritas, quienes sí las respetan pueden experimentar ira, acompañada de pensamientos repetitivos sobre cómo “deberían” comportarse los demás. Esta sensación de desorden genera una respuesta emocional que va más allá del hecho puntual.

En la misma línea, Stephanie Preston, profesora de psicología en la Universidad de Michigan, sostiene que la ira produce un estado de concentración extrema orientado a cumplir un objetivo. Bajo ese foco, quienes no se ajustan al ritmo esperado dejan de ser percibidos como personas y pasan a ser vistos como obstáculos que interfieren con la meta de avanzar.

Por su parte, Darald Hanusa, profesor de la Universidad de Wisconsin–Madison, señala que en estos casos aparece una sensación de derecho y privilegio, en la que se interpreta al otro como una molestia injustificada. Esta percepción refuerza la idea de que el propio ritmo es el correcto y legitima la irritación frente a cualquier interrupción.

El rechazo a la lentitud no se limita al acto de caminar. Tal como analiza la revista Nautilus, esta impaciencia también se extiende a los conductores lentos, las filas o la velocidad de internet. El psicólogo Marc Wittmann, del Instituto de Áreas Fronterizas de Psicología y Salud Mental de Friburgo, explica que esta reacción tiene un origen evolutivo: la impaciencia fue adaptativa en el pasado, pero hoy se encuentra desajustada.

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