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A fines de febrero, el gobierno brasileño envío tropas federales a patrullar las calles de Río después de que bandas ligadas al tráfico de drogas incendiaron docenas de autobuses, arrojaron bombas caseras en lugares públicos y ordenaron el cierre de comercios mientras la ciudad se encontraba llena de turistas que la visitaban por su famoso carnaval.
Las autoridades del estado dijeron entonces que la ola de violencia era una represalia de los traficantes de drogas por el duro trato que les ha dado la policía.
Pero expertos en seguridad dijeron que también podría obedecer a un intento de
distraer a las autoridades de la existencia de un gran cargamento de drogas o armas.
Las autoridades transfirieron recientemente a una cárcel en otro estado al más notorio traficante de drogas del país, Luiz Fernando da Costa, conocido con Fernandinho Beira-Mar, sospechoso de organizar la ola de violencia de febrero.
Los expertos en seguridad han advertido que ese traslado podría provocar más violencia por las demandas de los traficantes de que regrese a Río.



