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Una periodista muestra su respaldo a Radio Caracas Televisión
(RCTV), alertando con su pancarta que la violencia ejercida
por el poder contra esa cadena lleva a otras emisoras
privadas al miedo, la autocensura y el servilismo.
La polémica por el cierre de RCTV llegó a las calles, con miles de personas manifestándose en contra y a favor de la medida. Anoche, simpatizantes de RCTV lanzaban botellas y objetos contundentes a la policía frente a la sede de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) en Caracas. Los manifestantes intentaron romper un cordón policial, se escucharon disparos y pudo verse el uso de gases lacrimógenos y carros hidrantes. Once efectivos resultaron heridos, cuatro de consideración.
En tanto, los medios locales oficiales aplaudieron la medida contra RCTV, algunos privados la condenaron y otros evitaron pronunciarse.
De las emisoras privadas de TV abierta más importantes, sólo Globovisión difundió las manifestaciones y declaraciones contrarias al fin de RCTV en su último día de transmisión. Venevisión, del magnate Gustavo Cisneros -dueño de DirecTV América Latina y concuñado de Marcel Granier, pope de RCTV-, y Televen, propiedad del grupo Camero, continuaron con su programación habitual de entretenimiento y variedades.
El canal del Estado, Venezolana de Televisión (VTV), transmitió declaraciones de apoyo al fin de la concesión y los preparativos de la fiesta callejera con que los adeptos al gobierno celebrarían el nacimiento de una televisora pública TVes (Fundación Televisora Venezolana Social), que la sustituía al aire en los primeros minutos de hoy.
Venevisión y Televen abandonaron su línea de confrontación después del referendo revocatorio que confirmó a Chávez en el poder en 2004, y se mantuvieron en silencio con respecto al fin de RCTV.
William Lara, ministro de Comunicación e Información, amenazó con demandar a todos los medios que presenten la situación como un cierre y no como el fin de una concesión, lo que ya alcanzó a Globovisión y CNN en Español.
En prensa escrita, el diario «El Nacional», en un editorial publicado en su primera página bajo el título de «El poder sin límites», afirmó que la medida del gobierno marca «el fin del pluralismo» en Venezuela y «el creciente monopolio de la información ejercido a través de los medios audiovisuales en poder del Estado».
La cadena que perdía anoche su presencia en las pantallas difundió desde las 6 hora local un maratónico programa de despedida, denominado «Un amigo es para siempre». Sus 3.000 empleados -actores, animadores, periodistas, técnicos- desfilaron por un estudio atiborrado bajo una gran bandera de Venezuela y evocaron sus relaciones con el canal, sus programas, los éxitos y las coberturas del último medio siglo.
Chávez, que el sábado hizo uso por tercer día consecutivo de una cadena obligatoria de radio y televisión, reiteró la decisión de no renovarle la concesión a RCTV, a la que acusa de haber apoyado el golpe de abril de 2002 contra su gobierno. Pero el dueño de RCTV, Marcel Granier, todavía esperaba al cierre de esta edición una rectificación de última hora del mandatario, a contramano de todas las previsiones.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), otros organismos internacionales, grupos pro derechos humanos, el Parlamento Europeo y una comisión del Senado de EE.UU. rechazaron la medida.
El 70% u 80% de los venezolanos discrepa de la medida del gobierno, según sondeos, rechazo que se expresó el sábado en una ruidosa protesta tanto en los barrios populares como en los residenciales.
Poco antes, un grupo de manifestantes interrumpió un concierto del cantante mexicano Luis Miguel y leyó una proclama en defensa de la libertad de prensa, antes de cantar el himno venezolano junto al público presente.



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