Washington, Bruselas y Ramallah (ANSA, Reuters, EFE) - La comunidad internacional condenó ayer duramente el ataque del caza F-16 israelí que el lunes mató a 15 palestinos, entre ellos, el jefe del brazo armado de Hamas, Salah Shehade, y ocho niños. Los Estados Unidos, principales aliados de Israel, también se alinearon esta vez con Europa y advirtieron que la acción se opone a la búsqueda de una solución pacífica al conflicto de Medio Oriente.
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Con una declaración de insólita dureza tratándose de Israel, la Casa Blanca expresó que «el presidente George W. Bush dijo muchas veces: Israel debe estar atento al impacto de sus acciones para no interrumpir el camino de la paz». El presidente considera, además, que «una acción tan dura no contribuye a la paz», declaró el portavoz presidencial Ari Fleisher. Europa, en tanto, condenó en forma unánime el ataque. En Bruselas, el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, dijo que la acción israelí «es un acto de guerra que lleva a la desesperación y hace más difícil el trabajo para llegar a la paz», similares palabras dijo el premier británico Tony Blair. Muy crítica fue también la reacción del alto representante de la Unión Europea (UE), Javier So-lana, miembro titular del «cuarteto» para Medio Oriente -los Estados Unidos, UE, ONU y Rusia-.
Por su parte, el presidente de la Autoridad Palestina (AP), Yasser Arafat, calificó el bombardeo de «masacre».
Betselem, el centro israelí para la defensa de los derechos humanos en los territorios autónomos palestinos, también condenó la matanza.
Sin embargo, el gobierno de Ariel Sharon defendió el ataque y dijo que se trató de «una de las operaciones más logradas del ejército», porque causó la muerte del jefe militar de Hamas.
Shehade era responsable de ataques en el que centenares de israelíes murieron o resultaron heridos. También estaba proyectando nuevos y «grandes atentados» suicidas, según dijo el ejército israelí para explicar el bombardeo. El dirigente de Hamas se encontraba en una casa de un poblado barrio de la ciudad de Gaza, varias de cuyas viviendas fueron impactadas. El servicio secreto israelí dio por su parte otra versión en la que sostuvo que la información de que disponía indicaba que en la casa atacada sólo debían encontrarse «el terrorista» y un asistente, Salah Zaher Abu Hsein. Pero a pesar de todas las explicaciones, el jefe de la oposición en el Parlamento israelí, y líder del partido de izquierda Meretz, Yossi Sarid, criticó el bombardeo. Por su parte, Dalia Rabin, hija del ex premier artífice de los acuerdos de Oslo con los palestinos, expresó que «era claro que serían alcanzados mujeres y niños», tras anunciar su renuncia al cargo de viceministra de Defensa como señal de protesta.
En la última jornada, más de 250.000 personas participaron en los funerales de los palestinos que murieron en el ataque, que según el recuento final, son quince y no diecisiete. Entre ellos, ocho niños y un bebé de dos meses. «La sangre de nuestros mártires no será derramada en vano», coreaba la multitud, que pedía «vengar estos crímenes». A lo largo de la jornada, tanto Hamas como el otro grupo integrista palestino, Yihad, aseguraron que vengarán esta «masacre».
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