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Los marinos británicos liberados por Irán dijeron el viernes en una conferencia de prensa
que interrogadores de ese país los presionaron para que admitieran haber invadido sus
aguas. Ahora quieren vender sus memorias en abultadas cifras.
Pero Londres no sólo rechazó la propuesta de Washington. Poco después de conocerse la noticia sobre la captura de los marinos, el gobierno de Tony Blair incluso solicitó a Bush que disminuyera la presión de su retórica sobre Irán con el propósito de desincentivar una posible escalada de violencia que habría podido terminar con la ejecución de los prisioneros británicos.
De hecho, éste no parece haber sido un temor infundado. Tras regresar a suelo británico después de haber permanecido 13 días prisionero en Teherán junto a sus 14 compañeros de armas, el militar Joe Tindell reconoció que, durante su detención, algunos de ellos temieron por sus vidas. «Después que fuimos esposados y de que nos vendaron los ojos, uno de nosotros dijo: 'Creo que vamos a ser ejecutados'», contó en rueda de prensa el joven marino, de 21 años, como parte de un relato que buscó desacreditar las imágenes transmitidas por la televisión iraní a todo el mundo, en las que se veía a los militares británicos recibiendo regalos y hasta el saludo del propio Ahmadinejad en persona.
«Todo lo que se vio fue una operación de propaganda llevada a cabo por Teherán», señaló al respecto el teniente Felix Carman, quien días antes, mientras permanecía en condición de preso, apareció pidiendo disculpas ante las cámaras de televisión locales por haber cruzado ilegalmente la zona marítima iraní.




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