16 de diciembre 2004 - 00:00

Escándalo de alcoba dejó a Blair sin su ministro más valioso

David Blunkett junto con su lazarillo. El ministro estrella de Tony Blair, célebre por su firmeza en la lucha antiterrorista, debió renunciar ayer en medio de un resonante escándalo.
David Blunkett junto con su lazarillo. El ministro estrella de Tony Blair, célebre por su firmeza en la lucha antiterrorista, debió renunciar ayer en medio de un resonante escándalo.
Londres (EFE, AFP, Reuters) - El jefe del gobierno británico, Tony Blair, perdió ayer a un aliado político clave con vistas a las elecciones de mayo próximo: su duro ministro del Interior, David Blunkett, arrojó finalmente la toalla tras verse acorralado por un escándalo sexual y por noticias sobre reiteradas interferencias entre su vida privada y su cargo público.

Blunkett, de 57 años y uno de los miembros más poderosos del gabinete laborista, presentó su dimisión a raíz del último episodio del folletín que venía protagonizando desde hace semanas por su relación de tres años con una periodista casada, Kimberley Quinn, que terminó en una batalla personal a través de la prensa.

• Venganza

Tras un matrimonio de veinte años que le dio tres hijos, Blunkett -ciego de nacimiento y conocido por desplazarse con su lazarillo-se separó en 1990 y, años después, conoció a la estadounidense Kimberley Quinn, de 44 años y directora, curiosamente, de una publicación tan conservadora como «The Spectator».

El ex ministro mantuvo una relación secreta de tres años con Kimberley, quien comenzó ese vínculo apenas nueve meses después de haberse casado con Stephen Quinn, de 60 años y editor de la revista «Vogue». El romance terminó por envenenarse, cuando la prensa británica sacó en agosto último a la luz el nombre de Kimberley como la amante secreta del ministro del Interior. Todo se complicó después de que la periodista diese por terminada la relación, y Blunkett, no resignado a perderla, recurriese a los tribunales para reclamar con una prueba de ADN la paternidad del hijo de dos años de Kimberley y del que ésta lleva en su vientre.

En lo que algunos han interpretadocomo una venganza de la periodista, que había decidido terminar definitivamente con su relación, la prensa británica recibió diversas filtraciones según las cuales el ministro había acelerado los trámites de concesión de visado de residencia para la niñera de su ex amante.

Pese a que Blair había manifestado reiteradamente su firme apoyo a quien ha sido su estrecho colaborador desde la llegada al poder de los laboristas en 1997, el escándalo no daba para más, y Blunkett finalmente debió anunciar su dimisión.

• Problema

El ministro no esperó siquiera a que terminase una investigación encargada a un experto independiente sobre las supuestas impropiedades en el ejercicio de su cargo.

Las continuas revelaciones de la prensa, tanto la sensacionalista como la seria, se habían convertido en un problema para Blair, que aspira a conseguir un histórico tercer mandato electoral.

El asunto se agravó por la publicación esta semana de una biografía en la que Blunkett criticaba a algunos de sus colegas de gabinete,desde el ministro del Tesoro, Gordon Brown, hasta el viceprimer ministro, John Prescott, o el actual titular de Exteriores y antes ministro del Interior, Jack Straw.


• Estrategia

Si un político tan pragmático como Blair aguantó tanto tiempo las presiones antes de dejar caer a Blunkett, fue por el papel central de este último en su estrategia de ley y orden contra el terrorismo, algo en la que los laboristas han decidido centrar su campaña para los próximos comicios.

Blunkett, con fama de trabajador, eficaz y autoritario, ha sido un político duro en temas de inmigración, de lucha contra la delincuencia. Tras los atentados del 11 de setiembre de 2001 perpetrados en EE.UU., introdujo una polémica ley antiterrorista que permite la detención indefinida, sin acusación formal o juicio, de extranjeros presuntamente vinculados a grupos terroristas. Esa política de mano dura, más propia de los conservadores, le ha valido a Blunkett la enemistad de los sectores de izquierda de su partido.

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