Escándalo de alcoba dejó a Blair sin su ministro más valioso
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David Blunkett junto con su lazarillo. El ministro estrella de Tony Blair, célebre por su firmeza en la lucha antiterrorista, debió renunciar ayer en medio de un resonante escándalo.
Pese a que Blair había manifestado reiteradamente su firme apoyo a quien ha sido su estrecho colaborador desde la llegada al poder de los laboristas en 1997, el escándalo no daba para más, y Blunkett finalmente debió anunciar su dimisión.
• Problema
El ministro no esperó siquiera a que terminase una investigación encargada a un experto independiente sobre las supuestas impropiedades en el ejercicio de su cargo.
Las continuas revelaciones de la prensa, tanto la sensacionalista como la seria, se habían convertido en un problema para Blair, que aspira a conseguir un histórico tercer mandato electoral.
El asunto se agravó por la publicación esta semana de una biografía en la que Blunkett criticaba a algunos de sus colegas de gabinete,desde el ministro del Tesoro, Gordon Brown, hasta el viceprimer ministro, John Prescott, o el actual titular de Exteriores y antes ministro del Interior, Jack Straw.
• Estrategia
Si un político tan pragmático como Blair aguantó tanto tiempo las presiones antes de dejar caer a Blunkett, fue por el papel central de este último en su estrategia de ley y orden contra el terrorismo, algo en la que los laboristas han decidido centrar su campaña para los próximos comicios.
Blunkett, con fama de trabajador, eficaz y autoritario, ha sido un político duro en temas de inmigración, de lucha contra la delincuencia. Tras los atentados del 11 de setiembre de 2001 perpetrados en EE.UU., introdujo una polémica ley antiterrorista que permite la detención indefinida, sin acusación formal o juicio, de extranjeros presuntamente vinculados a grupos terroristas. Esa política de mano dura, más propia de los conservadores, le ha valido a Blunkett la enemistad de los sectores de izquierda de su partido.


