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Según la investigación preliminar, siete proyectiles de 155 milímetros alcanzaron varios edificios de viviendas en Beit Hanún, donde, entre las víctimas, hubo trece miembros de una misma familia.
El Ejército sostiene que el accidente se debió a una tarjeta electrónica defectuosa instalada en los sistemas de guía del cañón cinco días antes del bombardeo.
La tarjeta alimentó el sistema de la pieza de artillería con las coordenadas erróneas, lo que provocó el desvío de siete proyectiles hacia las viviendas civiles, a unos 500 metros del bosque que querían bombardear.
Después del bombardeo, distintas organizaciones armadas palestinas amenazaron con reanudar los atentados suicidas en Israel, lo que llevó a su Gobierno y al Ejército a declarar la alerta máxima.
Hoy, la policía concentraba sus esfuerzos en la parte oriental de Jerusalén este, donde residen unos 200.000 palestinos, y foco de tensión en el pasado por el efecto devastador que suele tener cualquier protesta en el que es el tercer lugar más sagrado para el Islam, la mezquita de Al-Aksa.
Miles de agentes rodearon al amanecer la ciudad antigua de Jerusalén para restringir el acceso a la Explanada de las Mezquitas a mayores de 45 años y con tarjeta de identidad israelí.
Como resultado, sólo unas 10.000 personas han podido acceder a los rezos en la Explanada.
El dispositivo de seguridad israelí ha estado dirigido in situ, y de forma excepcional, por el ministro de Seguridad Interior, Avi Dichter, y por el jefe de la Policía, Moshé Karadi, conscientes ambos de la necesidad de relajar la tensión en la zona.
Ayer, en la ciudadela, varios cientos de palestinas se manifestaron desde Al-Aksa hasta la comisaría del Muro de las Lamentaciones, así como junto a la Puerta de las Flores y, ya fuera de las murallas, en las calles Saladino y Sultán Suleimán.
La Policía cerró ayer todas las calles alrededor de la ciudad amurallada para impedir la entrada de vehículos y que los manifestantes trasladaran las protestas a los lugares santos en el interior.
Por el momento no se ha informado de disturbios en la zona, que es vigilada desde el aire con un globo aerostático dotado de potentes cámaras de seguridad y con un circuito cerrado de televisión que envía la señal de lo que ocurre en cada calle a una comisaría en el interior de la Ciudad Vieja.
Fuentes de los servicios de seguridad dijeron que tienen en su poder más de ochenta amenazas de atentado, una decena de ellas concretas, argumento con el que justificaban el cierre de fronteras.




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