31 de mayo 2005 - 00:00

La arrogancia y el lastre de Raffarin causaron desastre

El No de los franceses desbarató los planes de la UE y dejó impávidos a los europeístas. El director del diario de izquierda « Liberation», Sergy July, ensayó los motivos de la derrota.

París - ¿Qué ha ocurrido para que el No se haya impuesto sobre el Sí? Tanto en la derecha como en la izquierda, los partidarios del Sí se habían resignado a esperar un milagro que finalmente no se produjo. Ahora, pasan revista a los errores.

• Un Sí a la defensiva. En tres meses de batalla, los partidarios del Tratado Constitucional nunca consiguieron dar la sensación de que apostaban por un Sí entusiasta, positivo y constructivo. En primer lugar, porque quizá los 448 artículos, cuatro partes y varios anexos del texto son difíciles de vender a los electores. Pero también porque, desde el comienzo de la campaña, los socialistas favorables a la Carta Magna repitieron que ésta no era « perfecta» y que habría que ir pensando en «retocarla» o en «completarla».

Jacques Chirac
repitió una y otra vez que, a pesar de ser «hija de 1789» e inspirada por Francia, esta Constitución no era más que un «compromiso» de 25 países. De esta forma, el Sí se colocó de entrada a la defensiva y se vio obligado a responder punto por punto a las ofensivas del No sobre cada uno de los artículos de la Constitución europea.

• El lastre Raffarin. El referendo se celebra en el momento en que los franceses ya pueden juzgar la acción a largo plazo del primer ministro. Y constatar que, durante tres años, fue incapaz de hacer recular lo más mínimo la tasa de desempleo. Sin credibilidad alguna, Jean Pierre Raffarin se convirtió en un malísimo portavoz del tratado constitucional.

• Arrogancia. Es uno de los reproches recurrentes de los partidarios del No. Comenzandopor la utilización de un tono conminatorio y moralizante, el bando del Sí ganó adeptos con esta postura para el bando del No. Pero el auténtico blanco de esta crítica, más que los propios políticos, son los medios de comunicación, especialmente los cronistas y los editorialistas del medio audiovisual que se mostraron masivamente favorables a la Ley Fundamental europea. Tanto los dirigentes del Partido Socialista (PS) como los de la Unión para un Movimiento Popular favorables al Sí no consiguieron poner coto a esta polémica, cuando no contribuyeron a ella.

• Sin campaña unitaria. Era lunes. Yann Wehrling, secretario nacional de los verdes, publica un comunicado para disculparse, o casi, de haber acompañado, la víspera, a François Hollande, a hacer campaña en un mercado parisino. Esta falta de cohesión entre los diferentes sectores de la izquierda se reproduce también en el seno del propio PS.

Mientras François Hollande invitaba al presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, invitaba al canciller alemán, Gerhard Schröder, a Toulouse.

Una competición que pone nerviosos a los demás presidenciables socialistas:
Martine Aubry, Jack Lang y Bertrand Delanoë.

• El fantasma turco. Fue Nicolas Sarkozy el que, en el otoño, puso la cuestión sobre la mesa. El objetivo oficial: tranquilizar al electorado de derecha hostil a la entrada de Turquía.

Al quitar el peso de una supuesta ratificación por referendo de una eventual adhesión turca, el presidente de la UMP estimaba haber conseguido desactivar esta bomba y, de hecho, los simpatizantes de la derecha votan mayoritariamente a favor del Sí. Pero la polémica acreditó la idea de que el propio principio de la ampliación era motivo de conflictos.

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