Pese a ganar más poder el presidente Mesa, la oposición ratificó tumultos

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El proceso marcado por la renuncia del presidente de Bolivia, Carlos Mesa, y su posterior ratificación por parte del Congreso unió a la mayoría de los partidos democráticos y aisló a los grupos indigenistas y piqueteros. Sin embargo, la contracara de ese resultado positivo es una mayor polarización de la sociedad, la que hoy se pondrá de manifiesto más que nunca. Mientras Evo Morales, el extremista Felipe Quispe y otros líderes sociales estrenarán la alianza que sellaron ayer y lanzarán a sus militantes para que corten masivamente rutas y caminos, miles de ciudadanos responderán al llamado del presidente Mesa y se manifestarán en todo el país contra la violencia y los piquetes. El clima es tenso, y los analistas recordaron ayer que miles de manifestantes pidieron «mano dura» al presidente la misma noche de su triunfo político. La polémica por el destino de los recursos gasíferos y petroleros bolivianos es, entre otros puntos, el eje de las mayores polémicas, pero en el fondo lo que está en juego es la estabilidad de un gobierno constitucional frente a una oposición que toma ribetes cada vez más insurreccionales.

La Paz (EFE, AFP, ASN) - Los líderes sindicales y políticos más radicales de Bolivia sellaron ayer una alianza para forzar al presidente, Carlos Mesa, y al Congreso a imponer con la ley de hidrocarburos altos impuestos a las petroleras, en medio de un rebrote de las protestas.

El pacto sindical -que, según analistas, en algunos de sus miembros tiene directamente un matiz casi insurreccionales una respuesta al firmado en la noche del martes por el presidente y los partidos tradicionales, que supone la permanencia de Mesa en la Presidencia y la aprobación de una ley de hidrocarburos «viable» para las inversiones extranjeras.

El convenio fue alcanzado en la sede de la histórica Central Obrera Boliviana (COB), que ayer recuperó protagonismo después de mucho tiempo a causa del acercamiento de su dirigente, Jaime Solares, y el líder de los cocaleros, Evo Morales. El líder aymara, Felipe Quispe, el concejal de El Alto, Roberto de la Cruz; los dirigentes campesinos Román Loayza y Alejo Veliz; y Miguel Zubieta, de los mineros, así como representantes de maestros, trabajadores fabriles, universitarios y del Movimiento Sin Tierra completaron la alianza.

• Imputaciones

Debido al llamado del presidente Mesa para que los bolivianos hoy « salgan a las plazas» en todo el país «para decirles que no a los bloqueos, no a la intolerancia», como califica a las protestas que se extienden en su país, el opositor Morales responsabilizó ayer al presidente de la violencia que pudiera producirse con el «llamado de guerra» que hizo al convocar a la población a manifestarse hoy, en todo el país, « contra los bloqueos». «Esa marcha es para linchar a Evo Morales. «Es para limpiar a los movimientos sociales», disparó. «El presidente Mesa sabe que es presidente gracias a los movimientos sociales», añadió Morales, según el cual se prepara un estado de sitio en el país.

Por su parte, Solares, que hasta ayer había mantenido distancias con Morales, a quien acusaba de ser aliado de Mesa, remarcó que el objetivo es pedir que se cambien los contratos con las multinacionales para que paguen una regalía de 50%. La regalía, un pago fijo por explotar recursos naturales, es ahora de 18% para los contratos de las multinacionales.

El gobierno propone sumar a esta regalía un nuevo impuesto de hasta 32% discriminando el tamaño de los campos, pero la oposición pide una subida directa a 50% para todas.

Para Morales, el reencuentro de los líderes es «histórico» porque «a partir de este momento las movilizaciones van a continuar» hasta que el Congreso apruebe la ley de hidrocarburos.

• Nuevos bloqueos

El extremista Quispe, cuyo liderazgo estaba en entredicho, se sumó al desafío y dijo que representan a «la mayoría histórica de Bolivia que elegirá su propio presidente, porque el mestizo Carlos Mesa nos ha traicionado».

La coalición coincidió con el establecimiento de nuevos bloqueos. Según el comandante de la policía David Aramayo, existen al menos 39 puntos cortados al tránsito de autobuses y camiones entre Santa Cruz, Cochabamba, Oruro, Potosí y Chuquisaca, cinco de los nueve departamentos que tiene Bolivia.

Los campos petroleros y de gas de una filial de la British Petroluem (BP) continúan sin acceso en Cochabamba y es probable que las movilizaciones anunciadas en el norte de Santa Cruz cerquen otros yacimientos, dijeron fuentes petroleras.

Según la prefecta (gobernadora) de Potosí,
Gisela Derpic, las carreteras hacia Chuquisaca y Oruro han sido cortadas por los campesinos que « obedecen a consignas políticas» de Morales.

En la ciudad de El Alto, grupos radicales insisten en mantener también obstaculizadas las vías hacia el altiplano y las salidas a Perú y Chile, aunque la mayoría de la ciudad recuperó la normalidad.

La ciudad de Santa Cruz se convirtió ayer en el epicentro de otro conflicto inesperado por una huelga del sindicato de choferes que reclaman seguridad ante el acoso de grupos de ciudadanos que les exigen bajar sus tarifas.

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