La alianza sellada ayer por el diputado cocalero Evo Morales con los líderes sociales más combativos -y en algún caso más extremistas- de Bolivia pone fin a la idea de que aquél podía ser «rodeado» por los referentes democráticos de la región de modo de limar las aristas más filosas de su pensamiento.
Esa había sido justamente la política seguida por el gobierno de Néstor Kirchner, que esgrimía ese argumento para aplacar las quejas del Departamento de Estado norteamericano por lo que consideraba un coqueteo innecesario con el hombre señalado como máximo responsable de la caída del presidente constitucional Gonzalo Sánchez de Lozada en octubre de 2003.
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La molestia de la administración Bush estalló tras la Cumbre de las Américas de noviembre de 2003, cuando el argentino se reunió con Morales y, en paralelo, desistió de concurrir a un encuentro con el presidente Carlos Mesa, quien acababa de asumir el poder tras la traumática caída de Sánchez de Lozada.
El gobierno republicano descuenta que la nueva ola de líderes de centroizquierda de América latina (Kirchner, Tabaré Vázquez y hasta Luiz Inácio Lula da Silva) no se alineará con su postura sobre Cuba, lo que no afectará de modo significativo las relaciones bilaterales. Y que lo que realmente lo preocupa -además del cada vez más imprevisible Hugo Chávez- es la inestabilidad institucional en varios países de la región, particularmente Bolivia, que parece cada vez más contagiosa y podría terminar afectando a gobiernos endebles como el del peruano Alejandro Toledo y el del ecuatoriano Lucio Gutiérrez. En este sentido, hay que interpretar el viaje anunciado ayer a Sudamérica por varios prominentes legisladores norteamericanos (ver vinculada).
Morales selló ayer una alianza con personajes como el líder de los indígenas aimaras, Felipe Quispe, quien en medio de la última crisis proclamó que «por la vía pacífica no vamos a lograr nada». La apuesta conjunta a una radicalización de las protestas sepulta aquellas esperanzas argentinas. En este caso, finalmente primó en el gobierno de Kirchner el interés nacional, dado por la continuidad institucional en Bolivia, proveedor cada vez más importante del gas que se importa y que puede atemperar recaer en la crisis energética. No ayudaron, claro, expresiones como las de Luis D'Elía, el líder piquetero más cercano al gobierno, quien -curiosamente- calificó en lo peor de la crisis al cocalero Morales como «el principal defensor de la democracia boliviana».
Un aspecto lateral, aunque muy importante de la reciente crisis política boliviana, es que podría influir en la actitud del gobierno norteamericano con respecto al resultado del canje de deuda argentina en cuanto a considerar al país fuera del default pese a haber logrado 76,07% de aceptación en su propuesta de canje y quedar afuera 25.000 millones de dólares de bonistas que retuvieron sus títulos hoy sin mercado. Aún se requiere del aval del Grupo de los Siete, llave para poder refinanciar los abultados compromisos con el FMI y de los restantes organismos (en total este año se deben pagar u$s 13.000 millones). Tras los últimos acontecimientos en Bolivia, es probable que la administración Bush termine ayudando otra vez a la Argentina con alguna solución, probablemente una futura reapertura de canje pero con una mayor quita, como «castigo» por no haberse presentado en término, hasta el 25 de febrero último. Apoyar a la Argentina sería premiar el activo rol de Kirchner en el respaldo a Mesa y -también lo hizo Lula da Silva- para evitar ulteriores agitaciones en una región que inquieta cada vez más.
En realidad, el gobierno argentino no podía mantener abierta la «alternativa Evo Morales». Es que la provisión de gas boliviano -que la propuesta de ley de hidrocarburos del líder cocalero prácticamente inviabiliza- no sólo es relevante para el consumo doméstico sino también para Chile. Si no llega lo suficiente de Bolivia habrá que cortarle al país trasandino para abastecer la demanda local de invierno.
Kirchner es esperado el lunes en Santiago, donde la insuficiencia de los envíos de gas desde la Argentina será motivo obligado de discusión. Según se informó en ese país, en los últimos días se ha debido cortar el suministro a casi 200 empresas y el gobierno de Ricardo Lagos debió negar que la situación vaya a afectar el crecimiento económico esperado. Por el tema de la salida al mar que perdió Bolivia, un moderado de gran peso como Lagos debe mirar impotente en acciones la convulsión del Altiplano que afectará a sus connacionales.
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