Sobra lo negro, falta leche blanca
-
El canal de Panamá en disputa: se reavivó la tensión con China y su tráfico empezó a acumularse
-
Dictaron prisión preventiva sin fianza para el acusado de intentar asesinar a Trump
Una góndola con algunas latas de leche en polvo, sobre todo para bebés, es un lujo en la Venezuela de hoy. El control de precios ha provocado un agudo desabastecimiento de productos de primera necesidad.
Hay que tener contactos e ingenio para conseguir leche. Los que viajan seguido al exterior, en vez de regresar con licores o whisky adquiridos en el free-shop, cargan con toda la leche que pueden soportar sus espaldas. «Este fin de semana me traje varias cajas de leche (en polvo, que es la presentación que más «rinde») de una isla del Caribe», dice, satisfecho, Alberto Federico Ravell, director ejecutivo de Globovisión. Las cajeras de los supermercados, por su parte, tienen un rol fundamental en la (rota) cadena de la leche. Ellas avisan, en voz baja, al celular de los clientes fieles que ha llegado una remesa del preciado producto. Esta cronista fue testigo de un llamado salvador de una de ellas, prometiéndole a un cliente las cuatro cajas reservadas, si las retiraba antes de la 6 de la tarde. En las urbanizaciones (barrios) de clase media, el Operativo Leche toma mayor envergadura. Cuando un vecino «campana» comprueba que se empieza a descargar leche en un supermercado, avisa a parientes y amigos, quienes prontamente organizan una «vaca» (se llama así también en Venezuela) de varios cientos de bolívares, con lo que llenan los baúles de dos o tres autos. Y después reparten.
Arriba, en los cerros de Caracas, están los «barrios» (villas miseria). Allí todavía esperan que llegue la leche a los Mercal, los mercaditos con subvención del Estado, creados para abastecer al pueblo con productos de primera necesidad y a precios accesibles. La escasez sí que es bolivarianamente socialista: la leche les falta tanto a los ricos como a los pobres. Final obvio para la escuela del Estado que controla e impide, y fija precios máximos.
En cuanto a la leche SanCor, que Néstor Kirchner acordó enviar a Venezuela en febrero de 2007 a cambio del rescate de la firma láctea (por u$s 135 millones), tuvo su primer embarque en diciembre pasado. Pero de apenas 500 toneladas. A fin de este enero, voceros de Mercal dijeron que la empresa argentina había remitido una remesa de 2.300 toneladas. En el acuerdo firmado hace un año, SanCor se había comprometido a exportar 8.000 toneladas, pero los aportes de leche argentina no alcanzan. Tampoco las remesas que envía Brasil. Así, Venezuela decidió cortar por lo sano y cerró con su nueva socia, Irán, la construcción de tres nuevas fábricas lecheras. Supone que así resolverá el trance.




Dejá tu comentario