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El diario «El País » tituló ayer con una frase de Jorge León: «Necesito la mano que sostiene el vaso », en alusión a su deseo de suicidarse.
Allí pidieron que «se respete su memoria, que no lo juzguen, que no le condenen, que no manipulen su muerte ni su vida».
«Su muerte estaba anunciada.A nadie ocultó su deseode liberarse de la atadura-cruel a que le condenó un accidente», sostuvo el mismo texto. León sufrió un accidente en su casa cuando se resbaló y cayó de las barras en las que practicaba gimnasia, a dos metros del suelo, lo que le provocó fractura de cuello.
«Amaba la vida», «no quería convertirse en otro Ramón Sampedro», sostiene el texto, en alusión al hombre que sufría tetraplejia y fue ayudado a morir en 1998, cuya vida y muerte fueron llevados al cine por Alejandro Amenábar en «Mar adentro».
Asimismo, pidieron que no se «persiga a esa mano que acercó un vaso a una boca sedienta de libertad, de dignidad y de paz».
El cuerpo de León fue encontrado sin vida el jueves por la noche en su casa de Valladolid, junto a un vaso vacío. Todo indica que alguien lo ayudó a morir.
En su blog León escribió el 21 de marzo: «Necesito la mano que sostiene el vaso, la mano hábil que supla mi mano inútil, una mano que actúe según mi voluntad aún libre: tengo todo preparado para que quien me ayude quede incógnito».
A través de sus labios, León podía escribir en una computadora gracias a un dispositivo acoplado a su cabeza. El 2 de mayo escribió: «Quede en la conciencia de quienes impiden legalizar la eutanasia la carga de los sufrimientos innecesarios».
León explicó que había entrado en una fase que consideró «terminal», porque a la parálisis irreversible «se ha añadido la cronicidad de las infecciones frente a una tolerancia cada vez menor a los antibióticos, lo que me provoca indeseables sufrimientos físicos y psíquicos». El hombre dijo también que su deseo era «acabar de morir mientras tenga control sobre mi cabeza», sin tener que seguir sometiéndose, entre otras cosas, a antidepresivos.
León trabajaba como enfermero en el turno noche del Hospital Clínico de Valladolid, y tenía predilección por la escultura y la espeleología.



