El verano volvió a mover el amperímetro de la cerveza artesanal. Tras un cierre de año con consumo más contenido, enero mostró una recuperación clara, impulsada por el calor, el turismo y una mayor predisposición a gastar en salidas y encuentros sociales. El repunte no solo se reflejó en más litros vendidos, sino también en cambios en los estilos elegidos, una política de precios más cuidadosa y una lectura más fina del consumidor.
El verano empujó a la cerveza artesanal: qué estilos se venden más, precios y desafíos del sector
El calor, el turismo y nuevos hábitos reactivaron el consumo tras un cierre de año moderado. Qué variedades lideraron y cómo se movieron los valores.
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El ritual del brindis y el consumo social explican parte del aumento estacional en bares y cervecerías durante los meses de calor
En Antares, la temporada arrancó con números sólidos. Enero superó con holgura a diciembre en toda la red de locales, tanto en volumen como en cantidad de visitas. El mes cerró con cerca de un 25% más de litros vendidos y un 60% más de consumidores, un dato que reconfiguró las expectativas para el resto del verano.
En el canal supermercados, la categoría artesanal mantuvo presencia y ganó participación, con un diciembre que mostró un salto fuerte frente a noviembre y también frente al mismo mes del año anterior.
Recuperación
Lucía Rodríguez Ruiz, gerente de Marketing de Antares, analizó que el mercado empezó a recuperar volumen de manera gradual, apalancado en acciones de marca, activaciones en los locales y un contexto que ofreció algunas señales positivas para el consumo. Ese combo permitió encarar la temporada con una agenda de propuestas pensadas para atraer público y sostener la rotación.
Los estilos más vendidos confirmaron un patrón que se repite cada verano: equilibrio entre intensidad y frescura. En los bares de Antares, la IPA lideró con comodidad, seguida por Honey y Kölsch. A la vez, “Playa Grande” , un estilo propio a base de trigo y cítricos, ganó peso en plazas turísticas como Mar del Plata y escaló posiciones dentro del ranking general. En supermercados, la IPA volvió a encabezar las ventas, acompañada por Caravana (Session IPA) y la Lager, una variedad más suave que captó al consumidor hogareño.
Los precios acompañaron la temporada, pero sin saltos bruscos. En promedio, una pinta se ubicó alrededor de los $6.000 y una lata en torno a los $3.500, con opciones más accesibles y estilos lupulados apenas por encima de ese valor. Durante 2025, los ajustes quedaron por debajo de la inflación, una decisión orientada a cuidar el bolsillo del consumidor y sostener la recuperación de la categoría.
Sector maduro ahora
En Jabalina, el verano ratificó un mercado más maduro y exigente. Rulo Bustillo, cofundador de la cervecería, observó que el sector atravesó una etapa de depuración, en la que quedaron en pie los proyectos con producto consistente y una propuesta clara. Ese proceso derivó en hábitos más definidos y en una demanda que combina cervezas lupuladas con estilos de alta tomabilidad.
Las variedades más pedidas fueron la American IPA, la Martelli Pilsen y la Citrus Hazy IPA. El comportamiento reflejó un consumidor aún muy atraído por el lúpulo, pero cada vez más abierto a cervezas suaves, frescas y fáciles de beber, sobre todo en días de altas temperaturas. Las pintas se movieron entre los $5.000 y $7.500, según estilo y franja horaria, con aumentos más lentos que la inflación.
Bustillo marcó que la demanda sigue muy ligada al clima y a la estacionalidad. El verano concentra el pico de consumo, mientras diciembre suele funcionar como un mes fuerte por las celebraciones.
Luego, el movimiento turístico genera una pausa que se revierte hacia febrero, cuando el público regresa y la demanda retoma una senda ascendente hasta el invierno. En ese esquema, las ediciones limitadas, las Sours y los estilos de línea con identidad propia aparecen como apuestas centrales.
Con política interna de precios
Cerveza Goyeneche también transitó una temporada positiva, apoyada en mejoras internas y una política de precios consistente. Gabriel Goyeneche, socio fundador, evaluó que la demanda creció a partir de procesos productivos más eficientes y decisiones comerciales alineadas con el contexto. Las variedades más vendidas fueron IPA, Honey y Golden, mientras que American Wheat, Tripel y Neipa quedaron relegadas, en parte por una menor exposición histórica.
En materia de precios, la marca realizó ajustes en línea con la inflación y buscó evitar grandes diferencias entre puntos de venta. En su tienda online, un six pack de Blonde se ofreció a $16.500 y uno de IPA a $23.000, valores que reflejaron la intención de sostener accesibilidad sin resignar calidad. Para el resto del verano, la expectativa apuntó a una continuidad del crecimiento, apoyada en mejoras constantes de producto y atención comercial.
Entre CABA y el mar
El mapa del consumo mostró diferencias claras entre la Costa Atlántica y la Ciudad de Buenos Aires. En destinos turísticos como Mar del Plata, ganaron protagonismo los estilos refrescantes, de trigo y menor graduación, pensados para consumo diurno y jornadas extensas de calor.
En CABA, la diversidad siguió siendo clave, con fuerte presencia de IPAs, Pilsens y ediciones especiales, impulsadas por un público más habituado a rotar estilos.
Entre las tendencias que empezaron a consolidarse apareció con fuerza el segmento sin alcohol. Antares impulsó una IPA sin alcohol que superó ampliamente las previsiones iniciales y duplicó el volumen esperado. La propuesta captó a consumidores que priorizan frescura y sabor, sin resignar control y bienestar, una combinación que gana espacio dentro del universo artesanal.
Qué le falta a la industria para crecer
Los desafíos del sector siguen vigentes. La estacionalidad, la presión de costos, la logística y la necesidad de mantener precios competitivos obligan a una gestión cada vez más precisa. A eso se suma un consumidor más informado, que compara estilos, valores y propuestas antes de elegir.
Al mismo tiempo, la industria cervecera —al igual que otros sectores como el textil, el automotriz o la construcción— señala que una eventual quita de impuestos por parte de los gobiernos nacional y municipal sería clave, ya que podría impactar en la reducción de costos y en la toma de personal.
En paralelo, Goyeneche avanzó con una estrategia de diversificación que incluyó el lanzamiento de Indiana Gin, un London Dry artesanal, y una renovación de formatos en su línea cervecera, con botellas de 250 ml rediseñadas y latas de 473 ml para todos sus estilos. La iniciativa buscó ampliar ocasiones de consumo y adaptarse a nuevos hábitos.
De cara a 2026, las proyecciones coinciden en un mayor protagonismo de cervezas livianas, de baja graduación y alta tomabilidad, combinadas con ediciones limitadas que mantengan el interés del público cervecero. El verano volvió a confirmar que, cuando el clima acompaña y la propuesta resulta clara, la cerveza artesanal encuentra margen para crecer incluso en contextos económicos complejos.
Bustillo resaltó que el mercado dejó atrás la etapa experimental y entró en una fase de mayor solidez. Rodríguez Ruiz destacó el rol de la experiencia en los locales como motor del consumo estival.
Goyeneche puso el foco en la consistencia del producto. Y concluyó que el futuro del sector depende de entender al consumidor y adaptarse sin perder identidad.









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