En el mes del compostaje, cepillos que se convierten en materia orgánica

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Del 22 de marzo, Día Mundial del Agua, al 22 de abril, Día de la Tierra, se celebra el mes mundial del Compostaje con el objetivo de incentivar este hábito que cobra cada vez más fuerza en todos los hogares.

Según un estudio de la UBA, casi el 38% de la basura generada en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) está formada por restos de alimentos, mientras que en Capital Federal el porcentaje asciende a 41,5. El Inti, por su parte, estimó que hasta el 42% de los materiales descartados podrían transformarse en abono para huertas urbanas. A nivel nacional, según un estudio de la Cámara Argentina de la Construcción de 2015, los desechos alimenticios son el 38,74%, y los papeles y cartones representan casi el 14% de los residuos, lo que lleva a la conclusión de que, en el país, cerca de la mitad de los residuos podrían compostarse.

¿Qué es el compost? Es el material obtenido del proceso de descomposición de residuos orgánicos como restos de alimentos, así como el papel y cartón. La degradación suele tardar alrededor de 6 meses para convertirse en abono para la tierra. La inclinación hacia la realización de compost está cada vez más instalada en hogares, empresas e incluso existen programas en algunas ciudades, como en Buenos Aires, donde el mismo municipio instala puntos de recolección de orgánicos para la producción de compost comunitario.

Acompañando esta tendencia, surgen productos que antes se desechaban y hoy pueden compostarse como los cepillos dentales. “Los cepillos de bambú llegaron para quedarse como una opción interesante frente al tradicional plástico que no solo no es compostable sino que es uno de los residuos más contaminantes”, asegura Michael Levy, ceo de la marca de cosmética e higiene ayurvédica Sri Sri Tattva que desde el año pasado cuenta con su propia línea de cepillos Sudanta para adultos y niños.

Los cepillos de bambú son 97% biodegradables y 3% reciclable ¿Cómo desecharlos? La vida útil de los cepillos de bambú es similar a los del plástico: 3 meses y/o hasta que las cerdas se deshilachen. Cuando esto sucede, primero hay que quitar las cerdas que deben depositarse en el cesto de reciclables y dejar el mango para la compostera.

"Otro punto a favor es que la calidad del producto no se pierde porque las cerdas y el cuidado bucal es el mismo que con el tradicional cepillo de plástico, por lo cual se está convirtiendo en una opción muy buscada por un consumidor que es cada vez más consciente y responsable", asegura el responsable en Argentina de Sri Sri Tattva.

El bambú es altamente renovable: Se reproduce rápidamente sin causar agotamiento ni degradación de los suelos y para su cultivo no se necesita el uso de fertilizantes, herbicidas y no requiere riego. Incluso, puede capturar un 30% más rápido el Co2 de la atmósfera que otras plantas y su madera es antibacterial, resistente y duradera. Como si fuera poco, un cepillo tradicional tarda alrededor de 500 años en degradarse mientras que un cepillo de bambú solo tarda 180 días.

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