El súper cepo no es el problema ni la solución

Opiniones

No habría controles si no hubiera fuga ni especulación en los mercados, generada por la desconfianza. Esto se debe a que Argentina no tiene capacidad de generar dólares, hay inflación, y está financiando su gasto público con emisión.

Ningún economista quiere ser responsable de poner controles a la compra de dólares. Menos en Argentina, donde hay una sensibilidad especial y esas medidas caen muy mal. ¿Pero cómo frenar en lo inmediato la fuga de divisas que salen del control del BCRA, especialmente por los grandes fondos especulativos que explican la mitad de la demanda?

El mismo problema lo tuvo Cristina Kirchner en sus dos mandatos. Logró frenarlas a medias con el cepo de 2012. Y cuando en 2016 Cambiemos lo sacó, apenas dejó de engrosar las reservas con deuda externa porque los mercados se cerraron, tuvo que volver a poner los mismos controles que había rechazado y liberado.

En un rápido repaso de archivos, vemos que ni Alberto Fernández, ni Hernán Lacunza, ni Mercedes Marcó del Pont o Miguel Pesce son partidarios de cepear el dólar. Todo lo contrario, lo han criticado, como todos los haríamos. Pero los pusieron.

Podemos discutir si este súper cepo fue la mejor medida, si habría que ir a uno más estricto, desdoblar el mercado de cambios u otras opciones. Da igual con lo que se intente contener las presiones en los mercados financieros. Porque ninguno de nuestros problemas se resuelven sólo desde lo cambiario o monetario.

Está claro que no habría controles si no hubiera fuga ni especulación en los mercados. Y no habría fuga ni especulación si no existiera desconfianza. La desconfianza viene porque Argentina no tiene capacidad de generar dólares, hay inflación, y está financiando su gasto público con emisión. Y no podemos generar dólares, bajar la inflación ni el estado financiarse con recursos propios porque se exporta poco, se invierte poco, se produce poco, y hay exceso de corrupción y burocracia.

Los costos de producción en el país son excesivamente altos, tienen un componente tributario que alienta la informalidad. Eso altera todo el sistema productivo. Impide invertir, incorporar tecnología, generar empleo, mejorar el ingreso, y generar mayor riqueza. Tenemos un Estado grande para una economía chica pero, acertadamente, no queremos desatender a los sectores sociales.

Entonces, la cuestión detrás del cepo es otra. Transitoriamente podemos desarticular a los grandes fondos que aprovechan nuestras debilidades para especular y debilitarnos más, asumiendo todos los costos que eso implica sobre la economía real. Hay que actuar y así lo está intentando el Gobierno, como lo hizo Cambiemos y como lo haría cualquier economista que le tocara gestionar este país en las condiciones que se repiten desde hace décadas.

Pero mientras controlamos hay que mejorar las bases de la economía. Si no, nada de lo que hagamos con el tipo de cambio ni con las tasas de interés detendrá la fuga de capitales ni la especulación, porque la confianza en el país seguirá siendo muy nula.

(*) Investigadora del IIEP-Baires UBA y directora de CERX

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario