Diálogos de Wall Street
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Planes sociales y formación de capital humano
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Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
Gordon Gekko: Es innegable que 2003 dejó una inercia muy potente.
P.: Tan potente como favorable...
G.G.: No se puede discutir. Las pruebas están a la vista... Sin embargo, los árboles no crecen hasta el cielo. Ni siquiera en las condiciones más benignas.
P.: Tampoco voy a discutir eso.
G.G.: Las Bolsas internacionales, los mercados emergentes, los mercados de materias primas, todos ellos acumulan ya subas de gran envergadura. No obstante para todos ellos se pronostica lo mismo: una mayor bonanza en ciernes. ¿No será demasiado? ¿No habrá llegado el momento de replegarse?
P.: Me parece prematuro, sinceramente.
G.G.: Hay una muy buena razón. Tanto la Reserva Federal como la Administración Bush necesitan que la fiesta continúe.
G.G.: La Fed podría cortar la fiesta de cuajo con sólo deslizar que analiza un giro gradual de la política monetaria.
P.: ¿Piensa que no lo hará?
G.G.: No lo hará. Las recientes apariciones en escena de Alan Greenspan y de un gobernador influyente como Ben Bernanke apuntan precisamente a refrescar ese tácito compromiso entre la Fed y los mercados.
G.G.: Desde ya. La Fed pone la música pero no puede obligar a nadie a salir a la pista de baile.Y es verdad que costó mucho recobrar el entusiasmo de los inversores. Unos largos tres años. Pero se logró. Y así hoy uno encuentra una interesante combinación: la economía mundialy las empresas aportandobuenas noticias; los inversores, una renovada predisposición a tomar riesgos. Esta es la dinámica que rige los mercados.
P.: Espere: hay una carreraentre las buenas noticias y las cotizaciones. No tengo muy claro quién corre más rápido. No sería extraño que los precios ya se hayan adelantado.
G.G.: No se olvide del apalancamiento, del «leverage». Es todavía muy bajo. Hay un gran colchón de posiciones líquidas y que -gracias a los oficios de los bancos centralessuponen rendimientos exiguos. Es la otra fuente de valorización de los activos de riesgo que está lejos de haberse agotado... Los precios pueden avanzar más de prisa que las buenas noticias cuando los inversores aumentan su exposición.
P.: Parecería que nada puede salir mal. Y la experiencia indica otra cosa.
G.G.:Yo simplemente dejaría las posiciones correr. No porque nada pueda salir mal -que no es el caso-sino porque todavía me parece que prevalece una elección atractiva entre riesgos y probables retribuciones.
P.: ¿Qué es lo que teme pueda salir mal?
G.G.: Los mercados están en modo de ascenso ininterrumpido desde marzo. O sea llevamos casi un año sin siquiera registrar un traspié transitorio de mediana consideración.
P.: Usted preveía un retroceso durante diciembre, si no recuerdo mal.
G.G.: Correcto. Nada grave, sólo una cuestión táctica. Pero en un mercado tan vibrante aun quien participa de la idea teme recortar su cartera y no poder recomprarla luego si la baja es la ocasión que están esperando otros inversores para entrar al ruedo. Usted necesita formarse una idea sobre qué harán los demás cuando el mercado baje y, hoy por hoy, no se vaticina pavor sino todo lo contrario.
P.: Hemos vuelto a la vieja máxima de que toda baja es una oportunidad de compra.
G.G.: Nadie la recita en voz alta pero en los hechos eso es lo que se observa. Si es así, lo que hay que rastrear es qué factores pueden quebrar esa confianza.
P.: No será la Fed. No por el momento.
G.G.: Además es un año electoral. Hay que pensar que la administración Bush saldrá a mitigar cualquier flaqueza.
P.: ¿Qué corrosivo queda entonces? ¿Un colapso del dólar, quizá?
G.G.: Puedo escribirle una lista, si quiere. Las tasas largas de interés son mi vector favorito. Por eso, paradójicamente, la lentitud con que reacciona el mercado de trabajo -esta anemia que gobierna la creación de nuevos empleoses el mejor antídoto contra un brusco encontronazo.




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